A cobrar ISR en “Dominicana”, ¡a todos quienes deben pagarlo!

Rolando Fernández

Rolando Fernández

¡Por ahí sí es! Aquí hay mucha gente que debe tributar en favor del Estado, y no lo hace, por innúmeras razones; entre ellas se destaca, el retorno de los favores políticos a los que contribuyen con las campañas electorales. ¡Sobran los precedentes!

Mientras tanto, los chiquitos siguen pujando abajo, hasta teniendo que pagar ITBIS por comestibles que son necesarios para la salud, incluidos dentro de la canasta familiar, y hasta por un sobre de café, o una libra de azúcar. Con los hidrocarburos el asunto se generaliza sin contemplación. También, por los cheles que se logran ahorrar para la vejez, hay que “cantearse”, impositivamente hablando, entre otros cobros abusivos que se disponen.

Muy significativo sería el aumento que se registraría en los ingresos del Estado por el concepto señalado (ISR), de procederse a las revisiones y los cobros debidos; a eliminar las permisividades y los favoritismos de estilo, que liberan a tantos de tener que pagar impuestos al fisco.

Aún quedan aquí muchas fuentes aprovechables en ese tenor, no tocadas en defensa de ciertos intereses; y otras que, aun estando contempladas para dichos fines en las legislaciones vigentes, las autoridades competentes no tienen ojos para verlas, en términos de las exigibilidades que corresponden, por diversas razones.

Ahora parece ser, por las evidencias persuasivas presentes, que las “aguas fiscales contributivas” tomaran un rumbo más razonable y equitativo esta vez. La actitud de enmendar ciertos “baches” impositivos locales, se infiere a partir de la decisión adoptada por la DGII, respecto de exigir el pago de los impuestos correspondientes por parte de los accionistas de la Zonas Francas del país, tributo contemplado en la Ley 253-12 sobre el Fortalecimiento de la Capacidad Recaudatoria del Estado, con el cual no se venía cumpliendo.

Aquí hay que ponerse los pantalones largos, y demandar con fuerza el pago de los impuestos a todos los contribuyentes objeto, sin excepciones, ni distingo de ningún tipo. ¡Se tiene que acabar con el relajo vigente! Parece ser que las palabras que pronunciara el señor Magín Díaz, director de la DGII, ante los “magnates” de la Cámara Americana de Comercio recientemente, fueron en serio

Claro, lo que sí debe ser corregido con la oportunidad debida, sin dejar de lado los demás, obviamente, es uno de los factores dañosos que señalara el referido funcionario en declaraciones últimas ofrecidas a la prensa local, respecto del sistema tributario dominicano: la inequidad presente. “Lo calificó de inequitativo, ineficiente e insuficiente”. (“El Día”, del 7-10-16, página 6).

Por ejemplo, se acaba de aumentar el impuesto a pagar por el marbete de la placa para vehículos de motor, que da derecho a transitar por las calles y avenidas del país: RD$300 y RD$800, en función del año, o modelo ¡No es equitativo eso!

La diferencia entre el tributo de un humilde taxista, o el dueño de un vehículo utilitario para uso de las clases baja, y media baja, principalmente, con relación al de un rico potentado, o “tutumpote”, como decía el gran maestro – lujoso por doquier, alto cilindraje, y demás, amén de las “vainas” que les echan a los pobres ciudadanos -, es de RD$1,500. ¿Por qué tiene que ser así?

El que puede dar más de tres millones de pesos por un vehículo en esta nación (jeepeta, carros de lujos, de marca sofisticada, etc.), que los tenemos bastante entre nosotros; de esos millonarios de nuevo cuño, esnobistas, o “comparones”, ostentosos, favorecidos de la fortuna, o que consiguen los cuartos de forma fácil, pueden pagar entre RD$25,000 y RD$30,000, por concepto de placa anualmente. ¡Vamos a cobrarles a esos! ¡Qué más tributen los que mayor pueden!

Finalmente, nos gustaría, ahora que se está en busca de mayores recaudaciones fiscales, traer a las mentes de las autoridades del ramo al menos dos fuentes imponibles que entendemos deben ser revisadas, y son las que tienen que ver con los ingresos que se perciben por concepto de alquileres de viviendas, donde se está especulando hasta más no poder, con la renta de cualquier “cuartucho”, y se evade bastante, en primer lugar.

Y, segundo, el tributo aplicable al comprador de un inmueble cualquiera, en base al precio de venta, con el que también de ordinario hay siempre elusión, procedería ser aumentado, y que el contribuyente sea, no el que adquiere, cuando lo hace sin ningún financiamiento de las entidades del sistema, entendemos, sino el dueño-vendedor, que es el que pide un paquete de cuartos por cualquier cosa, y quien en realidad se beneficia de la plusvalía que se haya registrado, desde el momento en que lo obtuvo, hasta su enajenación por venta, como de las ganancias que se desprenden también de la especulativa paridad cambiaria, a través de los años.

Por último, y siguiendo en el orden de la equidad, aunque eso sí es un poco difícil, se debe reflexionar también en el sentido de que aquí solo pagan Impuesto sobre la Renta de manera fija los ciudadanos empleados bajo relación de dependencia (contribuyentes cautivos), que tributan bajo la Quinta Categoría, y que tienen un agente de retención: el empleador.

Y, ocurre que, hay muchas actividades informales entre nosotros – que se pueden definir y discriminar, a los fines de aplicarles una tasa de contribución al Estado única promedio, tras las ponderaciones y exenciones correspondientes -, las cuales permiten el devengo de muy buenos ingresos mensuales.

Sin embargo, sus ejecutores se viven riendo con las muelas de atrás, y dicen: “yo tengo que pagar nada de Impuesto sobre la Renta, y me beneficio de las obras del Gobierno, y demás satisfacciones sociales, igual que todos los ciudadanos aquí”. ¡No es justo!

Por Rolando Fernández

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