Arrinconar las miserias

Pedro P. Yermenos Forastieri

Las fiestas colectivas, como la navidad, ponen de relieve las profundas desigualdades sociales que abaten a países como el nuestro, en los cuales, una minoría disfruta de oportunidades ilimitadas para celebrarlo de las formas más estrambóticas posibles y la gran mayoría carece de elementales posibilidades, lo que les conduce a hacer líos para obtener lo mínimo o resignarse a que alguna migaja le caiga de las repartideras que con mucho exhibicionismo y falsa generosidad procuran apaciguar terribles tormentos de algunos.

¿Configura la realidad descrita un escenario propicio para sentirnos de verdad felices y disfrutar el ilusorio momento cual si la tragedia que nos lacera se esfumara de repente por arte de magia? ¿Son fundados los motivos para envolvernos en una especie de bacanal generalizado que de manera vana intenta ocultar circunstancias palpables con una simple mirada? ¿No forma parte todo ese espejismo de los autos suministrados subterfugios que como especie de opiáceos los pueblos consumen para morigerar sus penas y rehuir de sus infiernos?

Nada de esto ocurre por casualidad. Una ciudadanía con elevados niveles de conciencia tiene la capacidad de aprender a reír de sus desgracias para hacer de su reacción un motivo para superarlas al conocer a ciencia cierta las causas que las provocan. Cuando esa conciencia no existe o es muy precaria, como es nuestro caso, disfrutar en la adversidad no es más que una penosa muestra de alienación que se convierte en caldo de cultivo para ser oprimidos y sometidos por largo plazo.

Las miserias, entendidas como flaquezas de la conducta humana son individuales y colectivas. Resulta difícil de comprender, pero un conglomerado social puede ser miserable en el contexto referido. Condición que puede ser explicable, pero no por ello deja de serlo. En nuestro país hay mucha miseria espiritual y de ella se aprovechan los responsables de la miseria material.

Esa clase de miseria que castra nuestras posibilidades de rebelarnos contra quienes nos oprimen para desnudar sus villanías es la que explica que no podamos mantenerla durante todo el año en el rincón provisional en que la colocamos en épocas como la Navidad. Apenas la ocultamos por un mecanismo de presión psicosocial. Por eso, desaparecida la coerción, y de regreso a una cotidianidad apabullante y déspota, termina por reaparecer. Ojalá que el propósito del año que inició, sea avanzar en el camino de la superación de nuestras miserias, que sería la liberación de la nación.

Por Pedro P. Yermenos Forastieri

Related Posts