Mensajes de Decretos

Pedro P. Yermenos Forastieri

Solo en un país adormecido por tanto clientelismo de arriba, del medio y de abajo, pueden ser dictados decretos que constituyen un cúmulo inmenso de vergüenzas, y apenas se deja sentir un pequeño rumor de quejas incapaz de provocar el estremecimiento que tales dislates debieran ocasionar.

Nada en el mundo puede explicar que un presidente de una nación justifique haber designado en una posición a una persona estando en prisión preventiva bajo el alegato de que desconocía la situación. En el poco probable caso de que así fuere, ¿cómo concebir que no se haga asumir responsabilidad a quienes permitieron un desliz tan bochornoso?

No fue el único escarnio, dentro de los agraciados estuvo alguien sometido por tráfico ilícito de personas y expedición de documentos falsos y se le premia colocándolo en un lugar desde el cual puede reincidir en idénticas prácticas. Ni qué decir de otro, llamado ahora a asesorar en materia territorial, cuando estuvo involucrado en muchísimos escándalos al ocupar un cargo precedente.

Esas travesuras constituyen una radiografía fidelísima de la realidad que prima en el ejercicio público dominicano y, de forma especial, en la administración de recursos del Estado y el manejo de su nómina. Desprecio absoluto por lo que signifique rigor en la selección de personal. Nada de perfil adecuado, no se repara en la necesidad del puesto, cero aplicaciones de pruebas de aptitudes, ni pensar en concursos de oposición. El único tamiz a superar es la adhesión ciega al partido y, más que eso, al jefe al que se responde quien puede, por eso, disponer a su antojo de la incondicionalidad de un mequetrefe impedido de colocarse por encima de sus miserias.

Como si esas pruebas resultaren insuficientes, por ironía de la vida, junto a ellas se produjo la dimisión de la dirección del SNS de un hombre que ha ofrecido al país una lección que tanta falta le hace. En un conglomerado donde prevalece estacionar la dignidad en el oprobio para aprovecharse de favores gubernamentales, prefirió mantenerse fiel a sus convicciones y no ser cómplice de políticas públicas antagónicas con sus principios y con la visión que tiene del manejo que debe hacerse del sistema de salud.

Si algún día en esta tierra se intentare imponer el decoro desde el poder, el contenido de la carta de renuncia de este médico y las denuncias que hace, deberán servir de referencia de lo que debemos alcanzar.

Por Pedro P. Yermenos Forastieri

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