Seguimos montado en el mismo caballo

Johnny Sánchez

FLORIDA.- Reflexiono sobre el modelo agotado del clientelismo, que en RD, sigue y sigue por los beneficios que da. Mire esto:

Con el argumento de la solidaridad social se lograron varios objetivos simultáneamente:

1) manejar un monumental presupuesto “social” que dio lugar a los más variados actos de corrupción y

2) crear una gran base de clientelismo político para asegurarse un piso de votos. O me votás o perdés el subsidio.

Como la democracia se transformó en una carrera populista, el reparto de subsidios sociales se transformó en una base electoral importante, la mentira de crear millones de puestos de “trabajo” a nivel nacional, provincial y municipal para tener otra base de votos cautivos, es lo cuesta arriba, todos quieren empleos y te dicen espera, espera y si te lo dan, dicen, o me votas o perdés el trabajo

Pienso escribir un libro al unísono como Hernando de Soto, de Perú en donde plasmó en el libro El Otro Sendero. La idea de cómo la burocracia peruana iba frenando toda iniciativa privada con el fin de macutear y en RD es peor.
Este es un extracto:

La clave de todo el proceso de corrupción pasa, por un lado, por denostar la libre iniciativa privada y enaltecer a los “iluminados” políticos y burócratas que dicen saber elegir mejor que la misma gente qué le conviene a cada uno de nosotros. Ellos son seres superiores que tienen que decidir por nosotros.

Establecida esa supuesta superioridad del burócrata y del político en términos de qué, cuánto y a qué precios hay que producir y establecida la “superioridad” moral de los políticos sobre el resto de los humanos auto otorgándose el monopolio de la benevolencia, se arma el combo perfecto para regular la economía y coimear, llevar el gasto público con sentido progresista hasta niveles insospechados para construir el clientelismo político y la correspondiente caja y corrupción.

Quienes de buena fe dicen aplicar política progresistas no advierten que ese supuesto progresismo es el uso indiscriminado de fondos públicos que dan lugar a todo tipo de actos de corrupción. En el fondo es como si dijeran: no es malo el modelo peledeista, el problema no son las políticas sociales que aplicaron, que son buenas, sino que ellos son corruptos. Esto limita el debate a simplemente decir: el país no funciona porque los morados son corruptos y nosotros somos honestos y no es así.

Mi punto es que el debate no pasa por decir, ellos son malos y nosotros somos buenos, por lo tanto, haciendo lo mismo, nosotros vamos a tener éxito y ellos no porque nosotros somos honestos.

El debate pasa por mostrar que el progresismo no sólo es ineficiente como manera de administrar y construir un país, sino que además crea todas las condiciones necesarias para construir grandes bolsones de corrupción. El progresismo es el caldo de cultivo para la corrupción.

Por eso no me convence el argumento que el cambio viene con una mejor administración. Eso podría ocurrir si tuviésemos un Estado que utiliza el monopolio de la fuerza solo para defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad. En ese caso, solo habría que administrar unos pocos recursos para cumplir con las funciones básicas del estado.

Ahora si el estado va usar el monopolio de la fuerza para redistribuir compulsivamente los ingresos, para declarar arbitrariamente ganadores y perdedores en la economía y para manejar monumentales presupuestos, entonces caemos en el error de creer que alguien puede administrar eficientemente un sistema corrupto e ineficiente.

En síntesis, el verdadero cambio no consiste en administrar mejor un sistema ineficiente y corrupto. El verdadero cambio pasa por terminar con ese “progresismo” con sentido “social” que es corrupto por definición y ensayar con la libertad, que al limitar el poder del Estado, limita el campo de corrupción en el que pueden incurrir los políticos. Además de ser superior en términos de crecimiento económico, distribución el ingreso y calidad de vida de la población.

Por Johnny Sánchez

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