El retrato del poder hegemónico

“Puedo decir inequívocamente que no hay participación del gobierno de Estados Unidos en esto en absoluto” declaró John Bolton, el ultraconservador asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, apenas horas después del atentado con drones contra el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

La prensa controlada por el gran capital colabora con el funcionario y sus secuaces colocando en sus titulares los adjetivos “supuesto” y “presunto” delante de la palabra atentado. ¿Qué calificativo les cabe a quienes dirigen la elaboración de las crónicas basura?

John Bolton habló para la cadena Fox News menos de 12 horas después del atentado contra Nicolás Maduro.

Se recuerda que en 1973, pocos días después del golpe de Estado contra el presidente chileno Salvador Allende, Henry Kissinger se pronunció en términos similares, no ante la prensa sino ante el propio Congreso de los Estados Unidos.

Habían pasado 31 años (año 2004) cuando fue divulgada una conversación en la cual Richard Nixon decía a Henry Kissinger: “Bueno no lo hicimos, como sabes, nuestra mano no se muestra en este caso…”. Y Kissinger respondía: “Nosotros no lo hicimos. Quiero decir, los ayudamos…a crear las condiciones de la mejor forma posible…”.

¿Será, acaso, desvelada, dentro de tres décadas una conversación similar entre Donald Trump y John Bolton?

El tema de la guerra económica, aunque los analistas pagados fingen ignorarlo, se reedita. Está documentado que tres semanas antes de que Allende fuera derrocado, funcionarios estadounidenses aprobaron un millón de dólares en ayuda encubierta para partidos políticos y organizaciones privadas en Chile, y también que Nixon propuso vender las reservas estadounidenses de cobre para bajar los precios internacionales del metal, del cual dependía en gran medida la economía chilena.

¿No es lo que ocurre hoy con el petróleo y con las numerosas trampas financieras?

El diseño de las tácticas y el criterio para elaborar la estrategia son readaptados en forma permanente, pero la naturaleza del imperialismo es la misma.

Detrás del bigote del guerrerista e interventor John Bolton o de la breve figura de Henry Kissinger se aposenta la personalidad de verdaderos militantes del atraso político y del sometimiento colonial.

Con insultos o con elogios…

En el quehacer político, y particularmente en el manejo diplomático, el poder hegemónico se disfraza, pero a su pesar también se retrata.

Tras la victoria de Andrés Manuel López Obrador, en México, Donald Trump le dirigió una cálida felicitación. A esa felicitación, hay que añadir la cordial visita de Mike Pompeo y los cordiales saludos de Trump tras recibir la carta en la cual López Obrador le manifiesta su intención de disminuir el flujo de indocumentados reduciendo a su mínima expresión los factores de expulsión que existen la América Latina y en Centroamérica.

La demanda de que se inicien rápidamente los trabajos de construcción del muro fronterizo, está, sin embargo, más enmarcada en la respuesta al presidente electo de México que el saludo elogioso.

Tras amenazar con el cierre del Gobierno si no se ejecutan sus propuestas básicas en materia de política migratoria, Donald Trump escribió en su cuenta de Twitter: “Debemos tener seguridad fronteriza, deshacernos de la migración en cadena, el sorteo, la captura y liberación, y liberar a las Ciudades Santuario; vamos por la migración por méritos, protejamos a ICE y a las autoridades policiales y, por supuesto, continuemos construyendo, ¡pero mucho más rápido, el muro!”.

Eso es Trump, y es esa la naturaleza del sector político que lo llevó a la Presidencia, y no cambiará por el hecho de que López Obrador le hable de diálogo y le dispense un tratamiento amistoso.

Después del intercambio de saludos, López Obrador ha dicho que no quiere hablar del muro, pero Trump sí se refiere al tema, porque es uno de sus grandes proyectos, y, por supuesto, no ha dejado de serlo. Expresa su prisa y su determinación. ¿Dejará de hacerlo? No es lo que se alcanza a ver.

López Obrador, a través de las redes sociales, expresa que sigue apegado a sus proyectos. “Reitero: se dará prioridad a la medicina preventiva, se acabará con la corrupción en la compra de medicamentos, se terminarán los 57 hospitales inconclusos por la plaga del contratismo y se garantizará atención médica y medicamentos gratuitos”, dijo a través de Twitter.

El día 1 de agosto, expresó: “Hace un mes, más de 30 millones de mexicanos, nos dieron su confianza. Ni a ellos ni a nadie les fallaremos”. ¿No tendrá esa decisión como costo su presunta amistad con Trump? Indudablemente, o deja de ser para Donald Trump el gran tipo que aparentemente es, o deja de ser para su pueblo el líder en quien depositó su confianza el día 1 de julio.

Una pregunta todavía más problemática: ¿Tolerarán Donald Trump y su equipo asesor del cual forman parte John Bolton y otros ultraconservadores la implantación en México de un liderazgo similar al de Hugo Chávez?

Hay que mantener la pregunta porque aunque no son similares el ríspido discurso de Hugo Chávez y el moderado y cortés comportamiento social de López Obrador, el proyecto de convertirse en ente de colaboración para reducir al mínimo los factores de expulsión en los países centroamericanos, sustituyendo el uso de la fuerza por la motivación a las mayorías para permanecer en sus países de origen, no es un proyecto que pueda contar con la simpatía de Trump.

El concepto de clase no puede ser expulsado de la ciencia política, porque toda política afecta de uno u otro modo a los diferentes segmentos sociales.

¿Permitirá el sector conservador que ha tratado de presentar como potables las ideas de la ultraderecha presentando rostros frescos como portadores de las más vetustas formas de concebir la sociedad y la política, que desde México López Obrador se convierta en coordinador de un plan para acabar con la miseria, la exclusión y la desigualdad en toda la franja centroamericana?

Para proteger sus fronteras, Trump y su equipo entienden que son efectivas una guardia fronteriza bien armada y con derecho de disparar a matar, y la construcción de un muro.

La respuesta a la propuesta de López Obrador, ya comenzó a manifestarse en las presiones para levantar las vallas y aumentar la fuerza, y aún quienes se refieren al hecho como presunto atentado o como supuesto ataque, saben bien que se manifiesta en la subida de tono de las acciones contra Venezuela y en el enfriamiento de las relaciones con Cuba.

Si es insostenible la evasión del tema del muro por el electo presidente de México, lo es también el saludo elogioso en un ambiente que no podría ser más hostil.

“Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad”, sentencia Bertolt Brecht. Y es preciso añadir que ahora la verdad se manifiesta, porque la calidad de la hipocresía es pésima. El poder hegemónico, a su pesar, enseña el rostro y las garras…

Por Lilliam Oviedo

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