El genio de la campaña sucia

Homero Luciano

Una campaña política o electoral se define según Wikipedia, como un esfuerzo organizado, llevado a cabo para influir en la decisión de un proceso en un grupo de personas. Los protagonistas de estos procesos, utilizan varios elementos o herramientas, con el interés de alcanzar sus objetivos.

Es lógico que en una campaña político electoral, se procure mediante propuestas y el debate libre de ideas, tratar de descalificar al adversario, pero con la cautela de no lanzar mentiras, ni de maquillar medias verdades, que deterioren la imagen de tu oponente, cayendo en el terreno espinoso de lo que se denomina “campaña sucia”, tal como la que se vivió en el país en las elecciones de 1994 con el propósito de cerrarle el paso al Dr. José Francisco Peña Gómez, el líder de masas más grande que ha dado la República Dominicana. Juan Bosch, no estuvo exento de ello, fue también en algún momento, víctima de estas maquinaciones.

Expertos en marketing político, señalan que la campaña sucia es una jugada riesgosa, que arbitrariamente practican quienes aparecen en desventaja en los posicionamientos reflejados en encuestas. Usan sin ningún rubor esta práctica, para propinar golpes bajos, que generalmente se revierten como envenenados boomerangs.

En estos días, ocupan las primeras planas de los medios del país, el tema de la campaña sucia, acontecimiento que nos ha permitido recordar a un personaje que cobrará gran notoriedad en los Estados Unidos con esta práctica, y que hace algún tiempo en un artículo similar compartí con mis lectores y que hoy me permito volver a recrear. Se trata de Lee Atwater.

Lee Atwater, conocido como el “genio del mal”, con apenas 33 años de edad, fue uno de los artífices de las primarias que ganó Reagan. Fue este personaje el estratega que nombró en el año de 1988 el entonces vicepresidente de los Estados Unidos George H. W. Bush, para trazar las estrategias con la que enfrentarían al candidato Demócrata Michael Dukakis.

Elaboraron una agresiva campaña televisiva contra Michael Dukakis, sustentada en un anuncio, recreando la historia de Willie Horton, un presidiario del estado de Massachusetts, que en uno de sus permisos carcelarios de fin de semana violó y asesinó a una mujer.

Planteaba Lee Atwater en este spot, que la ley creada para permitir los permisos carcelarios, eran de la autoría del entonces senador Dukakis, y que esta línea lo hacía débil contra el crimen. En adición a esto, puso a circular el rumor de una supuesta enfermedad mental del candidato republicano y su presunta adicción al alcohol.

No escatimó recurso alguno, y trajo al debate político Katty Dukakis, la esposa del candidato, diciendo que esta había quemado la bandera norteamericana en protestas contra la guerra de Vietnam.

Nada de esto se pudo establecer como verdad. Fueron mayúsculas mentiras, que asestaron duros golpe a Dukakis, perdiendo en lo inmediato una ventaja de 17 puntos porcentuales en las encuestas, y Bush padre ganó finalmente las elecciones…

Lee Atwater se recibió de doctor en leyes en la Universidad de Carolina del Sur, su tesis doctoral la tituló “La campaña permanente”, y bebió sediento del libro de Suz Tzu que se llama “El arte de la guerra” lo que sin duda alguna terminó de construir este “fenómeno”, que se conoce en el ámbito político norteamericano como “la pesadilla del partido Demócrata”.

Como siempre ocurre, en esos irónicos juegos del destino, este “cerebro prodigioso”, usado para destruir reputaciones, estando en su mejor momento fue diagnosticado en marzo de 1990 de un cáncer cerebral inoperable, y un año con probable expectativa de vida.

Como mea culpa, en las aciagas horas final de su existencia, Atwater envió cartas a sus adversarios políticos pidiéndoles perdón por sus trucos del pasado.

Se convirtió al catolicismo, y como testamento político escribió: “Mi enfermedad me ha ayudado a ver que lo que le hace falta a la sociedad estadounidense es lo mismo que me falta a mí; un poco de corazón y mucha hermandad. He adquirido más riqueza, poder y prestigio que la mayoría de las personas. Pero puedes tener todo lo que deseas, y aun así sentirte vacío. ¿Cuánto de ese poder cambiaría por tener más tiempo con mi familia o una tarde con mis amigos? No sé quién será nuestro líder en los próximos años, pero debe ser alguien que hable de este vacío espiritual de la sociedad, este tumor que llevamos en el alma”.

El 29 de marzo de 1991 a un año exactamente del fatídico diagnóstico, Harvey Leroy “Lee” Atwater, el rey de la campaña sucia murió, tenía tan solo 40 años.

La campaña sucia, es un accionar de pretéritos tiempos. Jadeante, como los estertores que ahogaron el pasado siglo 20, hoy no hay espacio para ello.

Por Homero Luciano

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