Julio S. De La Cruz: Almas Calladas

Julio S. De La Cruz

¿Para qué sirve mi fuerza? una singular destreza que talvez causa pereza, y a pocos les interesa. Talvez, si encuentro otra alma que al igual que yo se expresa, si alguno en un descuido me tomara por sorpresa, un ser que diga en su canto: ya no quiero mas ser presa, y que a coro ambos cantemos que en la unión está la fuerza.

Es que a veces no entiendo de qué valió tanta sangre, tantas armas, tantas noches sin dormir, tantas espadas de valientes, tantas huidas de cobardes, tantos caminos y refugios en medio de cafetales, tantos hombres que muriendo dejaron de ser mortales, tantos hilos, tanta tela para crear mi bandera, la que al final cae abatida en las manos de cualquiera.

La voz del que antes fue fiera, indómita y brava, ahora es oveja callada, ahora no quiere decir nada. Ahora otros hablan por ti, ya no habla tu trompeta, ni tu fusíl; todos se quedan callados tal lo decía Pedro Mir: ni abogados, ni fiscales, ni jueces en tribunales, ni sus poetas, ni militares, ni los pintores, ni sus cantores, ni carpinteros, ni ruiseñores; todos sufrimos aquí, si, pero por dentro los dolores, pues no dicen nada los dueños, asesinos y ladrones, porque no hablan las enfermeras, ni camilleros, ni los doctores.

¿Entonces cómo encontraré esa fuerza que se ha de unir a la mía?, si esa voz no se expresa, y que seguirá siendo presa de los que compran la prensa, de los que cierran las vías, de los que compran las voces que suenan como la mía.

Pero no volveré a dormir tranquilo, porque entonces me han de despertar las voces de aquellos que hablaron, y que por esa razón cayeron, los que tuvieron un sueño, y que por eso durmieron, los que nunca descansaron para que hoy descansemos de las manos de tiranos, de invasores, de extranjeros.

Pero no volveré a dormir tranquilo hasta que pueda encontrar la voz de los que se expresarán, y cantarán mí mismo canto, los que sienten mi quebranto, los que lloran mis lamentos, yo sé que por ahí andarán. En algún lugar está la fuerza que se ha de unir a la mía, en algún lugar, en algún momento, en algún día.

No dormiré tranquilo, no voy a esperar a que llegue, la buscaré en el tono de la primera voz que resuene. La buscare de entre los pueblos, en los montes, en los collados, en la voz de los niños, de lo hambrientos desesperados, de los heridos de la milicia, de los sedientos de justicia, de abandonados deportistas, de los que cumplen condena, de los que comparten las penas. De los cantantes sin fama, de los enfermos sin cama, de los fogones sin llamas, de la voz de los que claman. De los poetas sin versos, de los políticos presos. La buscaré en los pueblos, en las calles y en las aceras, en los que buscan la paz, y en los versos de Juan Luis Guerra. La buscaré en las verdades de los pueblos diluidas en prosa, en protestas entonadas a tono de canción hermosa.

La buscare en el azul, en el rojo, en el blanco, la buscare sin descanso, la buscare hasta el quebranto, en las esquinas, donde habita el llanto, en los que se escuchan, pero no tanto. En los soldados gastados de no pelear ninguna guerra; aquí la lucha es por sobrevivir hasta mitad de la quincena. En los que no tienen cena, de los que nos duele el alma porque nuestra voz ya no suena. Mi voz ya no suena, ya no sé si mi voto cuenta, no sé si los gallos cantan, oh sí del sueño nos levantan.

Me pregunto si algún día me cansaré de buscar esa voz que cante conmigo, si el color verde perderá su sentido, si las aves perderán su nido, si las estrellas su brillo, y si el himno su sonido. Si nos devolverá la confianza, algún grupo, algún partido, si nos hablaremos por seña o por el humo de la leña, si es que en verdad somos libres, como los libros enseñan.

Me pregunto si nuevamente se levantarán los caídos, si se levantarán los héroes que cayeron abatidos, si sus espíritus y creencias llegarán a ser mi herencia, y mantendré sus nombres vivos. No sé si el azul es cielo, si el rojo es sangre y el blanco es paz, a Dios ciertamente sea la gloria, pero, ¿qué de la patria, y la libertad? ¿Y el escudo, de quien me protege? si de guardar tus fronteras temes por lo que digan desde afuera, aquellos que guardan muy bien sus fronteras y sin escudos en sus banderas, se defienden como fieras sin importar lo que el de afuera digiera.

¿Entonces, se acabará algún día la espera?, ¿nos volverán a nacer esferas?, o ¿se borrarán las líneas que nos hace libre y soberana? ¿volveremos a ser fieras? ¿nacerá en mi pecho la llama? ¿nos nacerán las esferas? ¿o tendremos que correr por los montes, por las calles y las aceras?

Espero escuchar tu voz, espero cantemos juntos, espero que los que compran no puedan comprar también el sonido de este canto. Espero sembrar los campos del color de la esperanza y que se cante este canto nuestro otra vez en Ocoa, Constanza, que se cante en Salcedo, en la esperanza, en Azua, en matanzas, que se cante, pero todos juntos, que revivan los difuntos, que por ver esto vivieron, que nos encontremos, que cantemos, que hablemos, y uno al otro exprese que ya por fin entendemos que en la unión está la fuerza.

Por Julio S. De La Cruz

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