Máxima cautela: Danilo y Leonel, aún a tiempo para negociar

Luis Columna

Desde la desafortunada militarización del Congreso Nacional el pasado lunes 24 de junio y los lamentables acontecimientos que allí ocurrieron, el tema político nacional y, en específico, la litis interna en el PLD, se ha agudizado, más aún con la nota de prensa que ayer hicieron varios miembros del Comité Político, encabezada por el Secretario General de esa organización.

En la actualidad hay mucha gente trabajando para que el impasse sea superado, sin embargo, otros se frotan las manos, pues ven, a corto plazo, un PLD en la oposición, al puro estilo del PRD en los años ochenta, cuando en ese partido reinaba el caos, la indisciplina y la anarquía.

También hay mucha gente al lado de cada líder presionando para provocar una situación in extremis, dado que esta semana es crucial para forzar un entendimiento entre ambos líderes. El precandidato Juan Temístocles Montás ha dicho, con cierta razón, que si de parte del gobierno se presenta el proyecto de reforma constitucional en el Congreso Nacional, ese hecho justificaría la división inminente del partido oficial. La cuestión es que no hay proyecto político viable con las siglas del PLD, sin esa unidad; si se divide, su sentencia sería la “crónica de una muerte anunciada”.

Quizás algunos de los colaboradores del presidente Medina les han manifestado que si Leonel se va a otra parcela, él ganaría como quiera; y eso no es cierto, al menos de cara al 2020. Igualmente, algún colaborador del presidente Fernández le ha dicho que un duelo a muerte con el gobierno, en este momento, le garantiza la candidatura. Es posible que así sea, pero no lograría gobernar, y todo esto se traduce en que no hay Leonel 2020 sin Danilo, ni Danilo 2020 sin Leonel.

El sentido de la historia muchas veces aconseja que lo mejor es hacer tienda aparte, o simplemente romper desde adentro, aplicando el poder por el poder. Otras veces aconseja todo lo contrario, pero la cuestión en este asunto es que uno y otro conocen y saben cómo se ejerce el poder. Todo aquel que ha sido primer mandatario mantiene cierta influencia y cosecha lealtades, así como también cobra favores. En consecuencia, y al calor del momento histórico que vive el país con sus desafíos nacionales e internacionales, lo que menos conviene es un resquebrajamiento del sistema político y democrático.

En el caso hipotético de que el presidente Medina muestre interés en avanzar en la dirección de una segunda reforma constitucional consecutiva para continuar en el poder, no dejaría de ser un hecho sin precedentes en los anales de la historia política dominicana, ya que, de los 57 presidentes de la República, ninguno ha logrado tal propósito. Eso sin dejar de mencionar que más de uno pudo gobernar en democracia entre 3 y 7 períodos, incluyendo a Leonel.

Si el presidente Medina, quien actualmente controlar las estructuras de la cúpula del PLD (Comité Central y Político), lograse conseguir los votos necesarios para modificar la Constitución, a pesar de la resistencia de sectores de la vida nacional, e incluyendo una parte de su partido, este hecho traería al traste inmediatos problemas internos, no sólo al partido oficial, sino también a los partidos Revolucionario Moderno (PRM) y Reformista Social Cristiano (PRSC), es decir, un nuevo orden en el sistema de partido político, a escasos trece meses de la celebración de las elecciones.

Igualmente, si Leonel Fernández, quien controla los organismos medios, intermedios y de base del partido, entiéndase: comités provinciales, municipales, de circunscripciones en el Distrito Nacional, direcciones medias y seccionales del exterior, rompe el equilibrio del PLD y se fuera del mismo, claro está que no lo haría con las manos vacías. Leonel no es Juan Bosch; éste se llevaría, aún fuera del poder, medio o un tercio del Comité Central y dejaría con apenas bases a una organización que tiene casi 20 años de ejercicio gubernamental, 16 de ellos consecutivos, lo que significa que ambos titanes aún no están en condición de separarse.

Si la lucha de poder lleva al PLD a la oposición, esta organización estaría llamada a desaparecer, convertida en una federación de grupúsculos que apenas lograrían un titular en las primeras páginas de los periódicos. Jamás una reunión del Comité Político tendría relevancia ante la opinión pública y entonces será “sólo el llorar y crujir de dientes”, pero sólo para los peledeístas y aliados.

Por Luis Columna

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