No, Don Hipólito

Hipólito Mejía

Me pareció preocupante la justificación ofrecida por Hipólito Mejía para no participar en la convocatoria hecha por Luis Abinader a la manifestación frente al congreso en oposición a los aprestos por modificar de forma dolosa la Constitución de la República porque, pese a su aclaración de que se opone a la reforma, su actitud podría no contribuir a la firmeza de sus legisladores al momento de emitir sus votos, sobre todo, si eso se coteja con previas declaraciones interpretadas en el sentido de que dejaba en libertad a los congresistas que lo siguen de actuar en la dirección que consideren.

Dos fueron los argumentos utilizados por el expresidente en el comunicado que emitió: Que no participaría de ninguna actividad que ponga en riesgo la paz pública y que no se inmiscuiría en asuntos internos de otro partido político.

Evalúo como insostenibles ambos fundamentos. Un demócrata cabal jamás debe asumir que las expresiones ciudadanas respecto a un tema de interés general, canalizadas de manera pacífica, puedan constituirse en amenaza para la estabilidad del país donde se lleven a cabo. Al contrario, ese tipo de actividades son oportunidades para demostrar la solidez institucional y la fortaleza del libre ejercicio de derechos ciudadanos. En caso de derivar en acciones entorpecedoras de lo que pretendía hacerse, entonces sirven para exponer al régimen en su vertiente intolerante y represiva.

Lo paradójico es que días después de la actividad no apoyada por Hipólito, la Coalición Democrática por la Regeneración Nacional convocó para una marcha del Parque Enriquillo al Altar de la Patria y de manera correcta el PRM emitió un comunicado sumándose a la actividad y no ha trascendido que el expresidente se haya opuesto a esa decisión. ¿Por qué si la primera exponía la paz pública, esta no?

Del lado de que la controversia por la pretendida modificación a la Constitución con el propósito de habilitar al presidente Medina es asunto de incumbencia exclusiva del PLD, la explicación no puede ser más desafortunada. No hace falta detallar las múltiples repercusiones que para el presente y futuro del país implica reformar la Carta Magna, máxime si su objetivo es propiciar que presidentes en ejercicio, impedidos de presentarse como candidatos, puedan hacerlo.

Confiemos que ese error, que marginó a Hipólito de lo que es un reclamo nacional, le haya servido de experiencia, y ofrezca a su pueblo la compañía de su innegable carisma en esta batalla crucial.

Por Pedro P. Yermenos

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