Prioridad Política

Pedro P. Yermenos

Los procesos electorales tienen sus peculiaridades, las cuales adicionan matices que les ofrecen especiales fisonomías. La coyuntura política de cara a las elecciones a celebrarse el 2020 no es la excepción. Tales procesos pueden tener gran impacto en el porvenir de la democracia dominicana, en función de evidentes cambios que vienen operándose en la sociedad, influidos de manera fundamental por una transformación del ejercicio de ciudadanía suscitada a partir de la exitosa experiencia que constituyó Marcha Verde.

Este país no es el mismo de hace relativamente poco pese a la miopía de politiqueros que no alcanzan a visualizarlo. Aun con la precariedad institucional que todavía prevalece, no resulta tan fácil para los depredadores políticos de siempre timar al pueblo con el mismo descaro de antaño porque tanto el contexto nacional como internacional y, sobre todo, el portentoso influjo de las redes sociales, se han erigido en valladares difíciles de salvar si la herramienta disponible es una práctica pública a la usanza del pasado.

En ese sentido, si bien es cierto que lo viejo ha empezado a morir, no menos verdadero es que lo nuevo se retrasa en nacer. Acelerar ese parto es y debe ser la prioridad nacional para iniciar el camino que conduzca a la construcción de una nación diferente. Lo que hace menos de dos décadas resultaba imposible de suponer, hoy, lo anticuado y desfasado es el PLD. Haber asumido desde el Estado, contrario a su prédica histórica, un comportamiento tan tradicional como los adversarios a quienes pretendía superar, lo han descalificado para reciclarse como expectativa de ilusión, pese al ardid de “caras nuevas” con el que espera volver a engañar incautos.

No obstante que el PLD va quedando atrás respecto al avance lento, pero sostenido que experimenta la conciencia nacional, nadie puede suponer que desplazarlo del poder será fácil, ni que, logrado ese objetivo, podrán alcanzarse todos los avances que anhelamos. La acumulación de control que ha logrado del aparato estatal, determina que nos queda un largo período por soportar su perniciosa influencia en la vida pública y privada.

En función de ese escenario, establecido que la urgencia es desalojar del Palacio la corporación peledeísta, a la consecución de ese objetivo deben dirigir sus pasos tanto las organizaciones políticas comprometidas con la cualificación de nuestra democracia, como los ciudadanos que repudian el nivel de podredumbre que han alcanzado las cosas en un país merecedor de mejor destino.

Por Pedro P. Yermenos

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