Estrategia y ética políticas: una conjugación difícil

César Pérez

La discusión en torno al tema ética/moral y política es eterna. Maquiavelo fue quien separó una cosa de la otra, mediante un ejercicio científico que hizo de la política una ciencia social hace más de 500 años. En nuestro país, durante casi 50 años ha predominado una concepción de la ética política de tal rigidez que llegaba a sustituir o a negar la estrategia política. Pero actualmente algunas acciones y/o gestos de la casi totalidad del espectro opositor permiten indicar que esa actitud se ha debilitado tanto que podríamos estar iniciando una época de cambios sustanciales en la forma de hacer política.

En efecto, por primera vez en una coyuntura crucial como la que vivimos, una diversidad de colectividades políticas ha establecido diversas formas de acuerdos y/o alianzas sobre bases programáticas que, en esencia, articulan o sintetizan varios puntos que por separado algunos han sostenido por mucho tiempo. A esos acuerdos se ha llegado mediante intensos y sostenidos encuentros de discusión en los últimos meses, con altas y bajas y hasta momentos de descalificaciones, pero las discusiones y exhortación para tal fin se ha mantenido por varios años.

La potencialidad de esa circunstancia, que tiene como contexto un proceso electoral, se incrementa porque el principal candidato de la oposición presidencial, Luis Abinader, que tiene todas las de ganar las próximas elecciones presidenciales, ha sido reiterativo en decir que quiere un Congreso independiente, plural y contrapeso del Poder Ejecutivo, además, una Justicia independiente. Eso nunca se había visto en este país, donde algunos presidentes, como el actual, dicen descaradamente que quieren su Congreso y su procurador general y con estos gobiernan subvirtiendo todas las instituciones del Estado.

El PLD, a través de su política clientelar de los bonos gas, luz y otras prebendas asistencialistas tiene un significativo mercado cautivo de votos, el cual constituye un arma que no puede subestimarse y que solo es neutralizable con los acuerdos y/o alianzas puntuales en los niveles congresuales y municipales ya formalizadas por las diversas colectividades políticas y sociales de la oposición. Entre los eventuales representantes de esas colectividades se presentarán algunos impresentables, algunos mercaderes políticos, es cierto, pero también es cierto las referidas alianzas puntuales constituye la única manera de impedir que el PLD tenga una presencia en el Congreso y los ayuntamientos que por momentos pueda ser determinante.

Hay aprehensiones de diversos sectores de la oposición, lo entendemos. En tal sentido, uno podría plantearse la reflexión si en las referidas aprehensiones no estarían operando algunos elementos de nuestra cultura general y política de la intolerancia, del autoritarismo y la inflexibilidad. Igualmente, hasta qué punto algunas de las opciones políticas, esfera de lo público, logran separarlas de lo personal, esfera de lo privado. Son cuestiones que debemos planteárnosla para entender determinadas posiciones y también porque es difícil entender los cambios que impone la realidad, no la ideología.

Maquiavelo separa la ética/moral de la política, sin reconocer el valor de ética, porque los hechos dicen que política es dar/recibir, ceder/imponer, vale decir un tipo de relación de fuerzas que obliga a negociar y toda negociación implica conjugación de principios y resultados, resultados que apunten hacia un cambio. Preguntárselo a los seguidores de Mandela, de Togliatti en Italia, de Corvalán en Chile, de Carrillo en España, entre otros. La posición de Maquiavelo constituye uno de los más fecundos aportes a la práctica política, a las ciencias sociales.

POR CESAR PEREZ

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