Génesis de un descalabro electoral

Nelson Encarnación

El catastrófico resultado cosechado el domingo por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) es la culminación de una cadena de hechos que tiene su origen en el empecinamiento de Danilo Medina por hacer posible dos situaciones contracorriente.

En la primera de ellas tuvo que ver la tozudez del actual Presidente por conseguir una segunda modificación constitucional, sabiendo que tenía todo en contra, desde la razón histórica hasta la realidad geopolítica, la que acabó por entender con aquella célebre llamada del secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo.

Hacer desistir a Danilo de su plan de perpetuación como consecuencia de los golpes de masas que encabezaba Leonel Fernández, no podía pasarle por alto a un hombre cuya configuración mental es típica de un tirano, que si no lo pudo ser se debió justamente a los nuevos tiempos.

Los ciudadanos recordarán aquel discurso de rendición y admisión de derrota del plan reeleccionista en que observamos a un Danilo lleno de rencor, resentimiento y frustración al verse obligado a entregar las armas bajo un cerco imposible de romper.

Sus dotes de fino estratega político empezaron a hacer agua en aquellas circunstancias, en las cuales la virtualidad del razonamiento que surge de las funciones cerebrales más analíticas dio paso a las emociones del corazón para llevarle a incurrir en error tras error.

El segundo gran error de Danilo vendría pocos días después cuando arruinó las aspiraciones de varios de sus más incondicionales y serviles, obligándolos a entregarse sin ofrecer resistencia para apoyar a quien se afirma es su socio en negocios más que en una relación política, conforme manejadores de informaciones sensibles.

Solo Reinaldo Pared Pérez tuvo la entereza de no aceptar el designio de Danilo de imponer a “un invento de última hora”, como le definiera, y optó por un retiro que le abrió las páginas del honor en la política dominicana.

El tercer error llegó cuando puso el Gobierno completo detrás de su socio Gonzalo Castillo con el designio de derrotar a Leonel en las primarias del 6 de octubre con una determinación que los siquiatras deberían de estudiar, pues una conducta de tal sinrazón debe ser movida por algo más que una simple rivalidad política.

El cuarto error, ligado al anterior, consistió en la consumación de su empecinada emocionalidad anti política propiciando la realización de un fraude vulgar con la complicidad de la Junta Central Electoral, la que permitió el hecho insólito de dejar que miles de personas siguieran votando a las 2:00 de la madrugada del día siete de octubre, es decir, 10 horas después del cierre legal del proceso, un tiempo mayor que el horario regular. Volveré con el tema.

Por Nelson Encarnación

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