Cascabel al gato

SANTO DOMINGO, RD.- El Estado dominicano se ha transformado de manera notable en los últimos 100 años, pero algunas características han sido testarudas.

En la Era de Trujillo, el Estado era represivo y monopolísticamente corrupto. Los opositores eran eliminados o atemorizados y solo el Generalísimo podía apropiarse de la riqueza, o aquellos que contaban con su aprobación. Dentro de las precariedades de la época, Trujillo continuó impulsando un limitado proceso de modernización.

Entre 1961 y 1965, el Estado no pudo articular ningún proyecto de desarrollo. La inestabilidad predominó en medio de la desarticulación de la dictadura y la Guerra Fría. Hubo gobiernos breves de transición y ocupación.

El régimen que inauguró Joaquín Balaguer en 1966 forjó un Estado que siguió siendo corrupto y represor, pero, como era una “dictablanda”, introdujo el clientelismo, sistema mediante el cual muchos adeptos políticos se forjan con prebendas.

El modelo de desarrollo consistió en un entramado de empresas públicas heredadas del trujillismo y amplios incentivos para el crecimiento del empresariado privado.

Con el uso de la fuerza, Balaguer dominó los sectores populares, los sindicatos, las izquierdas y al propio PRD. Logró una importante base de apoyo en los sectores conservadores rurales y de capas medias.

Durante los 12 años de Balaguer, la República Dominicana comenzó a sedimentar la compactación de sus élites económica, política, militar y eclesial, que ha perdurado hasta el presente.

Con la transición política de 1978 llegó el PRD al poder, se iniciaron procesos electorales más competitivos, y se puso fin a la represión como elemento fundamental de control político. El Estado se hizo menos represivo y más clientelar.

La década de 1980 fue marcada por la crisis económica, las grandes protestas de sectores populares empobrecidos, escándalos de corrupción, el colapso del gobierno del PRD, el retorno de Balaguer al poder en 1986 y mayor fragmentación del sistema de partidos.

En la década de 1990 se produjo la estabilización de la economía y reformas políticas para sacar a Balaguer del poder. En 1996, Balaguer dio paso al PLD en medio de un pacto que demostró la compactación de las élites dominicanas.

Con estabilidad económica y relativa paz social en el país, murieron los tres grandes caudillos del post-trujillismo: Peña Gómez, Bosch y Balaguer.

Cuando el PRD volvió al poder en el 2000 parecía que perduraría. Balaguer estaba en el ocaso de su vida y el PLD había perdido su primer intento de mantenerse en el poder. Pero la crisis económica de 2003-2004 se lo llevó de nuevo.

Durante todo ese período de 1978 al 2004, el Estado dominicano siguió siendo corrupto y clientelar. La corrupción permitía la acumulación de arriba y el clientelismo cierta distribución abajo.

A partir de 2004, el Estado dominicano se agrandó: además de corrupto y clientelar, incorporó el asistencialismo, expresado en un conjunto de programas sociales dirigidos a los sectores de menores recursos.

El período 2004-2020 se caracterizó por un continuo crecimiento económico, relativa estabilidad macroeconómica, crecimiento de distintos segmentos de la clase media, ampliación del pequeño y mediano empresariado, y programas de compensación social para sacar gente de la pobreza. Pero se mantuvieron viejas prácticas del Estado dominicano: corrupción y clientelismo.

La República Dominicana llega a agosto de 2020 con un nuevo gobierno que inicia en unos días, una crisis sanitaria inesperada, una crisis económica de magnitud aún desconocida porque no ha terminado la pandemia, y expectativas de cambios en el Estado (combate a la corrupción en particular).

¿Pondrán finalmente el cascabel al gato en un contexto de inmensas restricciones económicas?

POR ROSARIO ESPINAL
FUENTE HOY

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