Toque de queda

El gobierno ha decidido mantener el toque de queda como una de las tantas medidas que ha adoptado para evitar la propagación del Covid-19 y sus consecuencias fatales en términos de vidas, independientemente del costo económico que es muy alto. Es obvio que las autoridades han enfrentado, tanto la crisis sanitaria como económica, con seriedad, que no están escatimando esfuerzos para combatir los males que nos afectan dramáticamente. De hecho, el número de muertos y de contagiados han bajado considerablemente.

En la medida que pasan los días la población presta poca atención a las medidas de distanciamiento social, las mascarillas, que ahora abundan, se utilizan sin precauciones por debajo de la nariz –porque molestan la respiración y hasta dificultan para hablar claramente- y se aglomera en supermercados, mercados, parques, etc.

No sé hasta qué punto el presidente Luís Abinader y las autoridades sanitarias y policiales pretenden mantener el toque de queda y otras medidas. Pero la gente está cansada del confinamiento, más ahora que las navidades están a la puerta de la esquina. Este pueblo bullanguero, acostumbrado a las bebentinas, las fiestas, los encuentros familiares y de amigos, difícilmente se mantenga resguardado durante el mes de diciembre. El fin de semana pasado por mi sector, Evaristo Morales, tarde de la noche las calles estaban llenas de vehículos debido a los encuentros en apartamentos de amigos y familiares. En Naco, Piantini y otros, sucedía lo mismo.

Pienso que la población tiene, tanto o más que responsabilidad que las autoridades, para evitar la mortalidad y el contagio, pues no es Luís Abinader quien tiene que venir a mi casa a cuidarme, ni cuidar a mi familia, soy yo quien debo asumir esa tarea. Nos hace falta conciencia, tomar las medidas precautorias para evitar que la enfermedad y la muerte lleguen a nuestras casas. Siempre será mejor prever que lamentar.

Presidente Abinader, algo hay que hacer durante estos dos meses con el toque de queda: Flexibilizarlo aún más, o eliminarlo. Y que se salve quien pueda. “¡Rompan fila y viva el jefe!”. A la pachanga todos en lo que llega la vacuna, que no será este año.

La extensión del toque de queda, sábado y domingo, hasta las 12 de la noche, puede ser una medida, los días de trabajo hasta las diez, lo cual dinamizaría la economía en los bares, restaurantes y otros centros comerciales. No sé, estoy pensando en voz alta en esta cuartilla. Pero, insisto, lo fundamental es que la población haga conciencia de las consecuencias fatales de sus acciones, que todo no se lo puede dejar al gobierno, que cada quien tiene que poner de su parte para continuar combatiendo con éxito la crisis económica y sanitaria.

Las navidades son alegres cuando estamos todos juntos, en familia, pero cuando falta una madre, un padre, un tío, un sobrino, un hijo o una hija, un amigo, un compañero, un vecino, la fiesta no es igual, se llena de llanto, de tristeza y nostalgia. Son muchos los que han perdido a un ser querido por la pandemia, muchos que no tendrán en “noche buena”, sentado en la mesa, a un ser amado. Bendecir la cena, como hacen los cristianos, será doloroso si falta alguien. Procuremos que no siga ocurriendo, que no mueran por enfermedad y por irresponsabilidad, nuestros amigos, relacionados y familiares. ¡Cuidémonos! ¡Cuidemos a los nuestros!

POR JUAN T H

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