Asuntos de interés fiscal

Julio Gutiérrez

Para el ciudadano común el manejo y uso de la palabra “fisco” resulta intranquilizante porque de ella se derivan otras más preocupantes, tales como: fiscal, fiscalizar, confiscar, fiscalía, etc. Desde el Imperio Romano, los Señores Feudales y las conquistas de un pueblo por otro, se conoce el origen del término “fisco” como un objeto en forma de cesto o canasta que se utilizaba para recoger los tributos, que de manera impositiva debían de pagar los súbditos de un régimen en particular. En nuestros tiempos, las instituciones gubernamentales encargadas de recolectar los impuestos que requiere el Estado para cubrir sus costos y gastos de funcionamiento, deben apoyarse en dispositivos legales para ejercer esa función.

La modernización y las aplicaciones informáticas han sido herramientas valiosas para que el Estado estructure un sistema de cobros y recolección de impuestos eficiente y eficaz. Pero hay algo que al través del tiempo el Estado no ha podido corregir, que es la imagen represiva de sus representantes, por sus métodos y la actitud psicorrigida de sus oficiales. Por lo pronto, ese es el modelo que hemos visto en la Republica Dominicana.

Uno de los aspectos que más inciden en mantener una “relación cóncava” entre el personal de las instituciones recolectoras o fiscales y el contribuyente, es el concepto de que todo sujeto obligado es pasible de ser imputado hasta que se demuestre lo contrario. Esto significa que cualquier ciudadano, conozca o no el Código Tributario, es lo que más se parece a un omiso, un evasor o un eluso. Con ese estigma, ninguna persona se siente cómoda al momento de cumplir con sus obligaciones.

Las aseveraciones en los párrafos anteriores se manifiestan de manera real en los siguientes aspectos: en las obligaciones fiscales mediante declaraciones y envíos de datos, si el contribuyente comete errores que perjudican al fisco, de inmediato son notificados; en cambio, cuando el error da como resultado el pago en exceso de un impuesto correspondiente, el contribuyente no recibe ninguna notificación.

Otros casos que ameritan atención, se refieren a los valores que las personas físicas y jurídicas, al presentar sus declaraciones y pagos de los impuestos, resultan con saldos a favor, pero estos saldos a favor muy raras veces son utilizados por los beneficiarios, especialmente en las personas físicas, pues el ente fiscal lo utiliza sin darle las informaciones y explicaciones necesarias al interesado, de los cambios efectuados de un periodo a otro. También, se ha dado el caso en errores que cometen contribuyentes en

la duplicidad de comprobantes registrados, cuya corrección, el organismo regulador, le exige a uno de los contribuyentes que localice el otro afectado para normalizar la situación, en lugar de asumir su responsabilidad. Por último, están las violaciones de los representantes fiscales en los plazos que otorga el Código Tributario, para determinar el tiempo en el cual perime la acción de la Ley, pues se han dado casos (con mucha frecuencia) de ejercer la acción fiscal, después de los tres años que indica el Código.

Un sistema para el cobro adecuado de los impuestos a los sujetos obligados no debe mantenerse mediante presión, sino con persuasión. Es necesario que los contribuyentes reciban las informaciones, datos y asesoría por parte de la autoridad que ejerce la fiscalidad, cuando se trate de cumplir con sus obligaciones. Se debe erradicar la imagen represiva de las entidades recolectoras de impuestos, que el servicio al cliente (o servicio al contribuyente) sea el renglón más importante para que el público que contribuye con el pago de sus impuestos no se sienta acorralado ni horrorizado al momento de una notificación, que muchas veces no son explicitas. Todos tenemos que pagar los impuestos que nos corresponde, según el nivel de ingresos y justificación de los gastos, pero dentro de un ordenamiento lógico y sin componendas.

Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense