Cánones de un cerebro emocional

Román Polanco

NEW YORK.-La Republica Dominicana está ubicada imaginariamente en el mismo trayecto del sol, con dos maldiciones que parecen perpetuas, la división de la isla y los gobiernos que hemos tenido, pero este último el peor. Vivimos bajo una dictadura con votantes invisibles, que posee una cultura automática que, al parecer, nos acompañará siempre como pecado divino original.

Trato de describir una relación automática con el pasado antipático que hemos vivido y que ha sido sembrada por el tiempo, en un apartado del cerebro cociendo la desgracia que vivimos en carne y hueso. Cuando el tiempo es complicado el riesgo muchas veces no vale la pena; es bastante difícil decidir las ideas que fortalecen la humanidad, cuando tu vida está en riesgo. En elecciones para Presidente he votado 3 veces en mi país; pero, en la JCE mi voto siempre (se lo cuentan a otro partido).

Escribir sobre un tema donde hasta la imprenta se niega a publicarte, implica devoción a la cultura del sentido honorable. Existe una diferencia moderna, lo cual debemos mencionar por obligación; la tecnología. Ahora cualquier persona se siente con la capacidad de opinar (todologos). En realidad, esa gente tiene más poder de llegar a un lector invisible –poco pensante- que lo asimila como excelente informador. Otros se pasan la vida diciendo que son los mejores, y ese lector invisible lo recibe como tal.

Existe en el cerebro un espacio que exhibe (un protagonismo), la memoria genética y relación cultural automática-, en ambas debemos cambiar cosas de contenido, de lo contrario nos mantendremos usando esos componentes sin organización y que han estado y, nos han impuesto para manejar nuestras ideas. Recordemos que la inteligencia emocional ocupa un sitial de preferencia en el mega desenvolvimiento del diario existir.

Vivir bajo una dictadura motivadora, aplastantemente permisible y humana, sería necesario en países donde la descomposición social ha encontrado suficientes adeptos para su existencia. La politiquería variante que asumen los gobiernos actuales, en su mayoría, proponen un desorden constante alienador que la misma justicia acepta como socio conductual.

En esta época donde el comportamiento humano y las instituciones son controlados bajo la dictadura del silencio, que tolera esa forma malsana de vivir, debemos proponernos impulsa la lucha contra esas ideas obscenas de los gobiernos.

Los dominicanos podríamos encontrar la conexión entre la experiencia de la gente que vive este horror en un mundo donde la tecnología y el lector invisible, como hilo conductor de una desgracia, crean una situación obligatoria para un estudio de los cánones del cerebro.

Por Román Polanco

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