El merengue ritmo cohesionador comunidad dominicana New York

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El blanco y el negro, el amarillo, el cobrizo; el rico, el pobre, el niño, el viejo; es decir, no hay distingos de razas, posición social, hasta de ideologías políticas y religiosas; es en realidad, una plural democracia que soporta el merengue con su ritmo contagioso. Unificador. Dador de alegría, lo que aporta esta música arrebatadora que a todos nos mueve con energía.

Esa es la constante del merengue en torno a la evolución del dominicano y todo el quehacer por el progreso integral del pueblo en general, dentro y fuera del territorio nacional. En donde haya un ser de origen dominicano, está marcado con la señal refulgente del símbolo principal que representa el gentilicio dominicano: El Merengue.

Hemos arribado a la ciudad de New York con el cliché de los sueños, tan extereotipados, que las quimeras a veces, se tornan en pesadillas y aún así, nos disponemos a entregar la cuota de sacrificio por alcanzar los grados de superación obtenidos a fuerza de tesón ineludible en la lid, del combate por logros en la vida.

Traemos desde la tierra amada retazos de nostalgias, latente aspiración de no desmayar. Triunfal y la conciencia tranquila. El orgullo de saber bailar merengue nos acicatea intermitentemente. Si no encontramos los medios para hacer merengue, lo fabricamos. Por eso es que las inquietudes, hizo crecer el deseo; y un grupo de esforzados e inteligentes jóvenes artistas, músicos, cantantes y hacedores de poesías, que hicieron surgir tiernas canciones en tanto encuanto, aceleradas para cobrar la vida que da el merengue. El nombre de bautismo para estos jóvenes, “Grupo Faena”. Miembros entre ellos, Carlino y Unica, Juan el tamborero y el creativo -en ese entonces folclorista y promotor -Francisco Chapman.

“ Grupo Faena” hizo merengue, trova, conciertos. Su escenario por constante Villege, “El Batey” – colaboración especial del poeta Juan Rivero, junto a una pleya pulcra y diáfana en rectitud-; centros académicos, una que otras salas y locales de clubes, preferiblemente de nacionales puertorriqueños, solidarios hermanos que hicieron causa común con estas inquietudes artísticas de los dominicanos, que supieron hacer merengue en experimento de fusión –ritmos e instrumentos-.

Corría ya el tiempo llevándose entre sus dedos los meses del 1978 y la puerta de la superación es sacudida con toques de la providencia para llevarse al lejano Massachusset, al inmenso Francisco Chapman. Esto trajo redefinición dentro del grupo, ya que también se debe marchar Juan el tamborero, por tanto nuevos miembros son integrados a “Faena”. El concertista de guitarra acústica, además educador, Daniel Abreu, toma la dirección de la agrupación musical.

Francisco Chapman, en favor del merengue y otros ritmos propios del folclor y bailes autótonos, había ofrecido talleres para el Museo de Ciencias Naturales de la ciudad de New York, bajo la dirección de la experta folclorista Internacional María Uyehara, Directora del Departamento de Asuntos del Caribe de dicho Museo.

En realidad el merengue como tal en New York, seguía teniendo la reminiscencia de la fina estampa de Dioris Valladares, Angel Viloria, Luis Quintero y su Conjunto “Alma Cibaeña” con el bandoneón de Jaime Tavárez. El maestro Primitivo Santos, Luis Kalaf, (Recuerdo de “Los Alegres Tres”: Brens, Kalaf y Molina) agrupación que conformaba Alberto Beltran; Francis Santana (El Songo); la destacada participación del Dr. Manuel Sánchez Acosta, ilustre compositor de hermosas piezas y merengues para los tiempos,; La orquesta de Don Manuel Meriño y despuntando ya, “Los Reyes del Caribe; don Bienvenido Fabián, pianista y compositor; “Los Patrulleros, de Sixto Gil; Manuel Durán y orquesta; entre otros que se aventuraban en la amenización de las escasas fiestas celebradas en “El Patio” de Queen; Home Poind Palace, del Bronx; las de Brooklyn y Manhattan, éstas últimas, preferiblemente con las orquestas que llegaban desde la Rep. Dominicana

Los empresarios que se disputaban nuestras agrupaciones merengueras populares del momento provenientes del país, se llevaban las palmas, Ruperto Roberto, Alvarito Ortíz, Rosendo Rivero y Maike Rodríguez.

En la fecha del 78 en lo adelante, tuvimos serias experiencias en las artes escénicas y nos desprendimos del movimiento teatral liderado por la actriz puertorriqueña Edic Cadilla de la Universidad “Solidaridad Humana”. Un grupo de experimentados actores dominicanos, orientado por el teatrista Jaime Lucero; Ricardo Reyes (hoy Obispo de la Iglesia Cristo Céntrica, gestor cultural, primer actor dominicano en largo metraje NY, “Yeyo La Película” con un reparto de lujo, destacando el locutor y actor Paco Navarro, puetorriqueño) y otros, se trasladan a Delance y Essex Street, bajo Manhattan y forman el Centro Cultural Dominicano, donde interviene Jessy Ramírez, periodista avezado y promotor artístico. El folclorista Tito Cordero, bailador del Ballet Folflorico Nacional bajo la dirección del maestro Fradique Lizardo.

Este Centro Cultural, ganador de decenas de premios internacionales por sus puestas en escenas, recibía el apoyo fianciero de Jhonny Ventura, entusiasmado por que en esa época, los dominicanos se ocupaban de proyectar una dignidad nacionalista, aupando su música autóctona, ferviente sabor quisqueyana, preferencia los bailes del merengue, la mangulina, el pambiche, además.

No sería justo en esta entrega, si no le destaco un aparte honorífico para las chicas que elevaron el pedestal del espectáculo con Armando Recio,-ponderado artífice del canto- el Maestro José Jiménez Belén, Rojas Durán, José Pérez Saviñon y Don Reginaldo Atanay, estos periodistas que dieron todo por el todo en la difusión de nuestros valores y sobre todo, del símbolo por excelencia que ha sido, es y será el merengue. (Honor para un decano del periodismo del momentum estelar Sr. Franco, laureado hombre pionero de esta hidalga comunidad de dominicanos preclaros).

Pues bien, las chicas que hicimos mención en el párrafo anterior, respondieron al nombre de “Las Mambo Guel) las hermanas Normandía y Marina Maldonado. Verdaderos íconos de la dominicanidad vibrante en esta Capital del Mundo. A ellas se debe la creación, sostenimiento y larga difusion del Ballet Folclórico”Quisqueya”. Eso es clase aparte y luenga historia que tratar no a la ligera.

Igual tratamiento debemos tener para la prestante precursora del merengue en funsión de agrupación de baile por mucho tiempo sostenida con resonante éxito, Diony Sánchez Acosta.

Englobando en ese perfil de los que aportaron a la difusion del merengue haciendo fiestas periódicamente, aportanto diligentes esfuerzos en la protección de agrupaciones que deseaban surgir a la palestra, estuvieron los salones del Centro Educacional Caribe, (CEDUCA) liderado por el inmenso hombre del progreso comunitario, educativo, politico, deportivo, artistico, un hombre estandarte de esta comunidad en momentos difíciles, Primer Marical del Desfile y Festival Dominicano (1983) en los días de la ebullición y alborozo. Don Alfredo Wahite.

Es mucho lo que tenemos que tratar para dejar fijo un punto de partida en lo mucho que hizo el merengue por el desarrollo de nuestra comunidad. Hemos sido actor activo en este paraje. Terminamos diciendo, mañana, cómo Joseito Mateo y un servidor, grabamos un merengue rap, precisamente, ese 1978. “Te voy a hacer brujería”.

Por Frank Adolfo

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