Sociedad inundada

La Oficina Nacional de Meteorología, que hoy no es ni sombra del desatino constante que era, había informado que las lluvias asociadas al fenómeno atmosférico Beryl no producirían grandes daños porque el suelo no estaba saturado.

Las precipitaciones superaron las expectativas y todos fuimos testigos de las profundas afectaciones que se produjeron, siendo la más dramática la de un hospital literalmente ahogado cuando hace apenas pocos meses fue inaugurado con boche incluido del presidente a una clase media que, por comparonería, se resiste a acudir a tales centros que, según él, son modélicos. Habría que preguntarle por qué ante una simple dermatitis él decidió atenderse en hospital norteamericano. Hasta el momento no se reporta asistencia de ningún funcionario tratándose un percance de salud en nosocomio público.

Pocas personas no disponen de más de un ejemplo de consecuencias terribles originadas en unas lluvias que si bien fueron intensas, tampoco se trató de un diluvio. A unos amigos se les dañaron tres automóviles y dos motores, carreteras interrumpidas, filtraciones masivas, y todo sin citar las penurias que sufren los miles de dominicanos que carecen de condiciones elementales para enfrentar hecatombes. A nadie le pega más fuerte.

¿Es cierta la tesis de que no existen responsables de hechos de la naturaleza? Absolutamente no. Ante todo, está establecido, sin ninguna duda, que las acciones de los seres humanos, caracterizadas por irracionalidad y desinterés por preservar el medio ambiente son la causa eficiente de los trastornos que durante años vienen produciéndose a nivel de los fenómenos antes llamados “naturales”. Los hechos que originan algo así están ahí, analizados, estudiados y señalados sus protagonistas que no son otros que los países más desarrollados con Estados Unidos a la cabeza.

En lo que concierne a los efectos de esos acontecimientos, ese es el aspecto donde menos se puede alegar inocencia. No se discute que ante determinados eventos atmosféricos no resulta fácil salir indemnes, pero eso es una cosa y otra distinta haber sido responsable de crear pésimas condiciones materiales de existencia que convierten en más vulnerables a personas y naciones víctimas de estos sucesos. ¿Por qué los daños más extremos ocurren en personas y países más empobrecidos?
Lo triste es comprobar que de nuestros dirigentes haber actuado de distinta manera, tendríamos menos riesgos ante las inclemencias de una naturaleza a la que nos hemos dedicado a destruir. Esta es una sociedad inundada y no solo de agua!

Por Pedro P. Yermenos

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