Lo que deben saber los aspirantes a Alcaldes

Alfredo Cruz Polanco

Para las próximas elecciones municipales del año 2020 es inmensa la cantidad de aspirantes de todos los partidos políticos a dirigir las alcaldías del país, pero son muy pocos los que se dedican a estudiar la Constitución de la República y las leyes, a investigar y analizar las responsabilidades, las atribuciones y obligaciones que tendrían que enfrentar en caso ser electos, así como conocer los problemas, en todos los órdenes, que afectan al municipio que desea dirigir y cuáles serían las posibles soluciones.

Un aspirante a alcalde, además de su honestidad, debe tener una buena imagen en la sociedad (moral pública), debe inspirar confianza y credibilidad, ser un gerente, pues además de contar con una buena formación política y profesional, debe tener conocimientos en administración pública, saber cómo se prepara un presupuesto, conocer todo lo relativo a la Ley 176-07 sobre el Distrito Nacional y los Municipios; de compras, licitaciones y contrataciones públicas (ley 340-06 y sus modificaciones); del control de los recursos públicos, sobre transparencia y rendición de cuentas y tener vocación de servicio.

Un buen Alcalde debe saber, entre otras cosas, todo lo relativo al manejo de los desechos sólidos, de medio ambiente y recursos naturales; conocer los Objetivos de Desarrollo Sostenibles, aprobados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU); dominar la Ley 1-12 (Estrategia Nacional de Desarrollo 2030); conocer el Mapa de Pobreza del municipio, los índices de desempleos, desnutrición analfabetismo, presupuesto participativo, crecimiento poblacional; sobre cultura, educación en valores, deporte, del Plan Nacional de Regulación de Extranjeros.

El aspirante a Alcalde debe ser una persona respetuosa, amable, cortés, tolerante, armoniosa, dispuesta siempre a escuchar a las comunidades; participativa, emprendedora y con capacidad de generar iniciativas y proyectos que contribuyan al crecimiento, progreso y desarrollo del municipio que pretende dirigir; con capacidad de concertar y aglutinar a los distintos sectores económicos, políticos y sociales; firmar acuerdos con algunos ministerios, como el de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Educación, Obras Públicas, Cultura, Deportes, Interior y Policía, para llevar a cabo tareas conjuntas.

Debe ser un ente de solución de conflictos, no solo debe preocuparse por la eficiencia en el ornato (recogida de desechos sólidos), sino, en la organización del tránsito urbano y suburbano, ya que en la mayoría de los municipios es un caos; en aumentar sus recaudaciones, ya que la mayoría solo se limita a las asignaciones presupuestarias que reciben.

Lograr que la Oficina de Planeamiento Urbano cumpla con las funciones que le atribuye la ley, pues en la mayoría de los municipios esta no lo está haciendo, para que no continúen arrabalizándose con las construcciones e instalaciones de edificaciones, empresas y urbanizaciones sin ningún tipo de control ni planificación, pues muchas de ellas son recibidas sin que cumplan y reúnan los servicios básicos.

La persona que aspire a ser Alcalde o Alcaldesa, debe saber que va a representar el gobierno local, que es quien tiene la responsabilidad, conjuntamente con las demás autoridades de: llevar a cabo una campaña de orientación ciudadana por radio, televisión y charlas, cómo manejar los desechos y cuidar al medio ambiente; señalizar y reparar todas las vías públicas, así como el rescate de los espacios públicos.

Debe preocuparse por: promover la cultura, el deporte, los valores y un sano esparcimiento en todas las comunidades, tanto urbanas, como rurales y la seguridad ciudadana. En fin, cuidar la imagen del municipio y promover sus empresas a nivel nacional e internacional. Además, debe cumplir con el pago de la seguridad social y de los impuestos retenidos, algo que no viene cumpliendo la mayoría.

Si así lo hacen, tendremos excelentes Alcaldes, competitivos y capacitados para enfrentar los grandes retos que tiene nuestro país, lo que sería un gran aporte a la democracia y a la institucionalidad. De lo contrario se continuará haciendo más de lo mismo, tirando los recursos por las bordas.

Por Alfredo Cruz Polanco 

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