Ahora ó nunca

Pedro P. Yermenos

El año que recién inicia tiene una trascendencia extraordinaria para el futuro a corto y mediano plazo de la nación. La explicación de esa elevada significación tiene relación directa con la economía y la política, en ese mismo orden.

En lo que respecta a la primera, la economía dominicana hace tiempo que viene dando síntomas de que la falsía sobre la cual se sustenta la proclamada bonanza que voces oficialistas se empeñan en proclamar, podría quedar evidenciada con las consecuencias negativas que eso puede tener de manera particular para la población más vulnerable, así como una repercusión en el ámbito político que puede afectar de forma considerable las posibilidades del PLD para retener el poder.

Considero que es difícil negar que la permanencia durante tanto tiempo de los peledeístas en la conducción del Estado ha sido fruto principal de dos variables: Un crecimiento económico que no debe ser escamoteado combinado con una relativa estabilidad macroeconómica, por un lado, y por otro, la ineptitud de la oposición política que ha estado ausente casi por completo o que cuando intenta insertarse en el debate nacional lo hace con resultados usualmente desafortunados.

Si lo anterior es así, no es descabellado concluir que el comportamiento de esos dos factores va a ser determinante tanto para las condiciones materiales de existencia de una proporción alta de dominicanos, así como para el destino político de un país tan merecedor de una suerte diferente a la que ha corrido desde los albores mismos de su fundación.

Sobre la influencia de la economía, el nivel de endeudamiento que hemos alcanzado podría estar acercándose a sitiales que lo tornen inmanejable o que implique limitaciones ostensibles para invertir en áreas vitales para el desarrollo por los montos exorbitantes que habría que destinar para asumir los terribles compromisos que ha contraído una economía que continúa siendo pequeña y sostenida sobre una dinámica productiva que presenta signos indubitables de agotamiento.

Quizás el tiempo que media entre el presente y las fechas pautadas para los eventos electorales del próximo año no sea tan extenso como para generar una crisis económica de esas cuya magnitud es capaz de arrasar con aquellos a quienes los votantes les asignan la responsabilidad de su causa, pero es probable que la barca económica dominicana no navegue por mares tan apacibles como hasta ahora y de eso no es fácil escapar indemne.

Lo político lo abordó en la próxima.

Por Pedro P. Yermenos Forastieri

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