La productividad de la improvisación y las ansias del poder

Julio Gutiérrez

Para muchos nacidos o no en esta porción de la Isla La Hispaniola, los que se dedican a la política tienden a agruparse en dos bandos bien definidos: aquellos que se inclinan por un proyecto social y los que identifican con un proyecto personal. Los primeros, difícilmente se le permite que se conviertan en entes productivos; mientras que, los que abrazan un proyecto personal, conciben la política como una industria.

Debido al sistema político implantado en la República Dominicana, un proyecto personal debe estar avalado por un partido u organización política. Desde los tiempos de “los bolos” y “los coludos”, en el Siglo XIX, la politiquería se aglutinó en grupos de presión para alcanzar el poder. Esa generación es la causante de una de las rémoras más negativas del sistema político dominicano conocida como clientelismo. El clientelismo adquirió tanta fuerza a lo interno de las organizaciones y partidos, que dio lugar a las tendencias; las cuales, en su momento, generaron crisis profundas que provocaron el surgimiento de nuevos movimientos políticos.

Muy pocos políticos criollos se han leído las 9 reglas de la práctica democrática que recogió el filósofo Aristóteles en su Política, en especial la número nueve: “Que ningún cargo público sea vitalicio, y si alguno queda todavía, procedente de alguna costumbre antigua, debe despojársele de su poder y hacer que sea sorteable en lugar de electivo”. Por ese desconocimiento es que la improvisación convierte en malos dirigentes a los políticos dominicanos. La mayoría se creen que su fuente de ingresos natural es el Presupuesto Nacional y que los bienes del Estado dominicano forman parte de su patrimonio personal. De esa actitud se desprende, que sus proyectos sean eminentemente personales sin componentes sociales.

Como la actividad política se ha convertido en una industria con ribetes de comercialización, su estructura organizativa se compone de “gestores de votos”, “estrategas de alianzas” y “planificadores de cargos públicos”. Prácticamente, parecen mipymes y/o corporaciones, según el volumen de sus afiliados.

Con la Ley 33-18 que regula a los partidos, agrupaciones y movimientos políticos se ha querido tergiversar el contenido del Artículo 47 de la referida Ley. Las cinco agrupaciones involucradas en celebrar primarias en el mes de octubre de 2019, interpretan a su antojo, el texto del citado Artículo, en el sentido de que los 1,249 millones de los 1,449, son considerados una “Línea de Crédito no Reembolsable” que le dará la Junta Central Electoral (JCE) para lograr sus objetivos políticos.

Los costos de la democracia han resultado elevados para los dominicanos en los últimos 25 años. La opacidad, el blindaje y la impunidad han permitido que la corrupción sea un modus operandi de determinadas personas o grupos dedicados a la actividad política. En términos unitarios, un voto de un ciudadano dominicano es el triple del costo ejercido en otros países, debido al financiamiento, por parte del Gobierno, de las actividades proselitistas de los partidos, agrupaciones y movimientos políticos.

Para aquellos con proyectos personales, en lugar de proyectos sociales, le transcribo el mensaje de José Martí, antes de caer en Dos Ríos, Cuba, el viernes 19 de mayo de 1895: “El espíritu despótico del hombre se apega con amor mortal a la fruición de ver de arriba y mandar como dueño, y una vez que ha gustado de ese gozo, le parece que le sacan de cuajo las raíces de la vida cuando le privan de el.”

Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense

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