Día del hombre ¿Para cuándo?

Manuel Hernández

Las ideologías ya fueron enterradas en el país. Se necesita el renacer de las esperanzas para hacer frente a las grandes necesidades nacionales. La política dejó de ser un sacerdocio, para convertirse en el botín de los osados. El gran pueblo sigue esperando la redención, que cada día se le oculta más.

Es la hora de que renazca el sentimiento de lucha por un mundo mejor. Esa senda la perdieron los que lucharon, y los idealistas. Parecería que Don Dinero se ha adueñado de todos los estamentos de la vida nacional. Triste realidad, amarga, pero sin salida a la vista.

Los partidos políticos de hoy no tienen ni la fuerza, ni la voluntad, necesarias para llevar a cabo un gran encuentro nacional por el desarrollo. Buscan sus particularidades y sus beneficios que pueden ser personales. Estamos llegando a la hora en que se debe renacer con las esperanzas.

Sin embargo, es necesario que se dé un gran encuentro de unidad nacional. Allí se pueden buscar soluciones a los males nacionales. Los problemas del país no pueden ser solucionados en forma aislada ni por un líder ni por un partido. Tiene que haber una voluntad general para hacer frente a la crisis.

Los problemas personales o grupales conspiran contra la idea de que se dé un acuerdo nacional. Sea desde el gobierno o de la tímida oposición, cada cual considera que tiene la fuerza suficiente para dirigir la lucha por reivindicaciones. Pero nunca están de por medio defender las necesidades nacionales, sino buscar los beneficios personales.

No hay vestigios de lucha ideología, ni de planteamientos clasistas. Únicamente se va a en busca de mejorías económicas, y de tratar de salvar situaciones para el aprovechamiento individual. Así, el país no saldrá nunca del precipicio a que fue arrojado.

Para lograr avanzar en el desarrollo, las grandes naciones han tenido que hacer pactos, acuerdos, y buscar salidas colectivas. En una mesa de diálogo se deben incluir los trabajadores, los chiriperos, los empresarios, los políticos y otros sectores representativos.

Individualmente nadie puede ser un mesías que aportará soluciones globales a males que vienen arrastrándose desde hace años, y los cuales no tienen solución a la mano. Hay que hacer renacer la esperanza de un mundo mejor, a pesar de que la pugna por el poder solo hace a muchos pensar en beneficios personales y grupales. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández

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