Somos tan malos como nuestros candidatos

Melvin Mañón

Cuando uno enferma de algo serio salimos a buscar referencias de algún médico que alguien nos haya dicho que es capaz. Sin embargo, cuando vamos a votar en unas elecciones escogemos conforme a criterios muy distintos.

Queremos que, en primer lugar, el candidato gane o pueda ganar y no tanto que sea meritorio.

Su posicionamiento en encuestas -frecuentemente manipuladas- vale más que sus posiciones políticas si es que las tiene.

Apostamos a ese candidato como si fuéramos galleros y lo que dijo pesa más que lo que hizo, donde fue importa mas que de donde viene y con quien se junta es más importante que lo que piensa, cuando piensa.

¿por qué evaluamos y escogemos los candidatos conforme a normas tan superficiales? Porque ellos son mercancías y nosotros consumidores. Ellos se “venden” y nosotros los “compramos”.

Entre todos prevalece un entendido. Ni nosotros les creemos ni ellos esperan cumplir sus promesas mas que de manera circunstancial. Son las normas del mercado. El producto no es bueno o malo, es la empaquetadura. Es asunto de imagen no de contenido y en el entorno dominicano, además de la imagen hay que hablar bien o mejor dicho, bonito.

De que nos quejamos.

A finales del año 2007 mientras asesoraba a la Cuarta Vía que postuló como candidato a Eduardo Estrella sugerí publicar un documento después del Día de Reyes de 2008 titulado: DICEN QUE SOY EL MEJOR CANDIDATO PERO QUE NO VOY A GANAR. Nunca se atrevieron a publicarlo y fue un error doble. Falta de audacia de su parte y equivocación mía. Eduardo Estrella hubiera sido muy bueno como presidente pero era y continúa siendo un pésimo candidato.

¿Por que hubiera sido buen presidente? Porque era honesto, buen conocedor del país de punta a punta, se conocía todos los puentes, escuelas, hospitales, cuarteles, canales y carreteras y cuánto habían costado. Tenia experiencia administrativa, nadie lo vinculó nunca con trampa ni acto de corrupción; estaba limpio y no se dejaría mangonear por los buscadores de fortuna. Sin embargo, Eduardo Estrella era el peor candidato posible por lo aburrido de su discurso, de su propia figura, sus modales y en sentido general toda su campaña. El país, entonces, no estaba buscando un buen presidente sino un candidato prometedor. Si hubiéramos estado buscando un buen presidente otra hubiera sido la historia. Es que dábamos por descontado que no necesitábamos un buen presidente porque siendo como era un asunto de imagen ¿a quién le importaba el contenido?

Por Melvin Mañón

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