De México a Santo Domingo

Julio Gutiérrez

El 23 de marzo del año 1994 la sociedad mexicana fue sacudida desde sus cimientos morales a los estamentos políticos, por el asesinato del aspirante a la presidencia del país azteca, Luis Donaldo Colosio, ocurrido en la localidad de Lomas Taurinas, Tijuana, después de celebrar un encuentro con seguidores de sus pretensiones políticas. Luego de caminar unos metros entre la multitud, el candidato recibe dos disparos de arma de fuego, uno en la cabeza y otro en el abdomen, provocados por un tal Mario Aburto Martinez, quien fue detenido en el acto. La opinión popular que prevalece en México, es que se trató de un complot orquestado y dirigido en las esferas de poder del Partido Revolucionario Institucional (PRI). En este crimen no se pudo determinar el brazo ejecutor; es decir, el autor o los autores intelectuales, solo la mano que jaló del gatillo del arma de fuego, según lo estableció el fiscal del caso (Luis Raul Gonzalez Perez), al considerar que “no existen evidencias sólidas para señalar a nadie más que Mario Aburto Martínez como único autor intelectual y ejecutor del crimen, y por ello el gobierno considera cerrado el caso desde el año 2000”.

Como presagio al magnicidio conspirado contra Colosio, cuatro años antes, en agosto del 1990, un grupo de intelectuales latinoamericanos y europeos se reunieron en México para tratar temas polémicos relacionados con “compromiso y libertad”. En ese evento sacaron a la luz pública la participación del PRI en el sistema político mexicano, en especial la hegemonía de ese partido por su permanencia en el poder durante setenta años. Escritores como Mario Vargas Llosa conceptualizaron y definieron la forma de gobierno implantado por el PRI, con las siguientes expresiones: “es una dictadura sui géneris, que muchos otros en América Latina han tratado de emular”. “Yo no creo”, refiriéndose al PRI, “que haya en América Latina ningún caso de sistema de dictadura que haya reclutado tan eficientemente al medio intelectual, sobornándole de una manera muy sutil”. “Tiene las características de la dictadura: la permanencia, no de un hombre, pero sí de un partido”. Por otra parte, Octavio Paz quiso suavizar la situación, explicando que el PRI no ha suprimido la libertad, aceptando que si la ha manipulado.

Después de la muerte de Colosio, la sociedad mexicana quedó espantada debido a que se desataron los demonios de la violencia, el descaro y la corrupción. La inseguridad se apoderó de la población.

En nuestro país no ha llegado la antropofagia política, como sucedió en México con la muerte de Luis Donaldo Colosio, debido a que en la mente del pueblo se ha incubado la idea de que fue mandado a matar desde su propio partido, el PRI. Ahora, como en la República Dominicana los feminicidios están a la orden del día, en el ámbito político la bellaquería no ha asumido posiciones tan absurdas como la eliminación física de sus adversarios, solo se ensañado con las mujeres que de un modo u otro inciden en la vida pública nacional. Ya le sucedió a una jueza de la Suprema Corte de Justicia, en la que su moral fue “herida de muerte” por dos anónimos disparados por el Procurador General de la República. Otra víctima se suma a esos tipos de disparos y le tocó a una acuciosa periodista, que recibió ráfagas cibernéticas con el propósito de destruir su credibilidad.

La próxima víctima es otra mujer, su delito ha sido juzgado: “por aspirar a ocupar un puesto discutido por dos hombres”. Lo que está por conocerse es, de donde saldrán los proyectiles: del Centro de los Héroes o de su propio partido, porque en este caso, a la consideración de Vargas Llosa, habrá que agregarle: la hegemonía del poder tiene toda la característica de una dictadura, por el interés de permanencia de un hombre y de un partido.

Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense

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