La violencia y el insilio de los dominicanos

Julio Gutiérrez

Consciente de que algunos de mis lectores no están familiarizados con el término “insilio”,  y a pesar de que no existe en el diccionario de la RAE, les transcribo la definición que los estudiosos del comportamiento humano le han dado a este vocablo: “Un insilio es un auto exilio  hacia el interior del individuo como una reacción por un estado de cosas que suceden en su entorno”. Desde que la escalada de violencia, en todas sus manifestaciones, se ha enquistado en la sociedad dominicana, la mayoría de la población, sin quererlo ni saberlo, han asumido el insilio como una forma de mantenerse a salvo de los depredadores que deambulan por las calles de ciudades y caminos de los campos del país.

Los cambios en el estilo de vida de la ciudadanía, se manifiestan en el desplazamiento, el horario, las visitas a determinados lugares y el uso de artículos personales en cualquier lugar o  espacio público.

La violencia no solo se circunscribe a la agresión física; también, se observa en el atropello verbal y gestual. Pero donde más se percibe la violencia, es en los actos, de prevaricación, el nepotismo, el peculado, la concusión, el cohecho, la colusión, que son acciones corruptas que impiden el desarrollo y el estado de bienestar del pueblo dominicano.

La actitud de muchos dominicanos de aferrarse al insilio como forma de preservar su integridad física,  se puede considerar que es buena y  es mala, ya que por un lado  “se mantiene a salvo”, pero por otro, le deja el espacio a los antisociales para que comentan delitos contra ciudadanos indefensos.

Tampoco es recomendable conceptualizar la situación de violencia generalizada que se respira en la actualidad, “como una percepción”; pues así lo  quieren hacer creer las autoridades gubernamentales. Al parecer, pasamos por alto el comportamiento violento de niños y  adolescentes en escuelas y colegios; la falta de respecto a personas mayores e incapacitados física y mental; las violaciones de las leyes de tránsito, comerciales y penales; la benignidad de jueces y fiscales, en casos de personas con varias fichas  por delitos graves cometidos y, por último, las agresiones entre partidarios de una misma organización política, con actitudes similares a hermanos con diferencias en la distribución de cualquier herencia.

El reflujo y el cansancio de los dominicanos por más reclamos de justicia y protección contra la delincuencia formuladas, no ha tenido las repuestas efectivas de las autoridades responsables del orden y la aplicación de justicia. Al no existir un plan maestro para devolver a los ciudadanos la seguridad anhelada, la violencia y la corrupción caminan de la mano por calles, avenidas y carreteras acompañadas de la impunidad; pues, la frase “hasta la última consecuencia”, está hueca y bien manoseada.

A veces pienso que las autoridades están apostando a la resiliencia del pueblo dominicano y que logrará sobreponerse al virus de la corrupción y al flagelo de la violencia a mediano y largo  plazo, pero resulta que los atracos, robos y desmanes están a la orden del día. Para los que están en una situación de confort y  blindados contra esos males que afectan a la mayoría de los dominicanos, le dejo   un poema acreditado al escritor Bertolt Brecht y que algunos le adjudican  la autoría al Pastor Martin Niemöller.

“Primero vinieron por los socialistas, y yo no dije nada,
porque yo no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas, y yo no dije nada,
porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos, y yo no dije nada,
porque yo no era judío.
Luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí.”

Mi versión sobre ese poema aplicada a la situación que por lustros estamos padeciendo los dominicanos, es la siguiente:

Primero me enteré por las noticias de atracos perpetrados a varios ciudadanos, pero como no los conocía no le di importancia.

Luego supe de desfalcos en el erario del Estado y no me preocupé, porque no era empleado público.

Después la casa de mi vecino fue asaltada mientras viajaban fuera del país, pero como yo tenía un perro guardián, cámaras de seguridad y fuerte enrejado, no me preocupé.

Hace días una pareja en un motor me quitó el anillo de graduación cuando estaba detenido en un semáforo, pero no encontré a nadie que lo evitara.

Ahora me rebajaron el monto de mi pensión, pero no tengo a quien reclamar, pues solo me informaron que la culpa es del IPC (Índice de Precios al Consumidor) y al aumento del PIB.

Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense

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