El rumor publico

“Al primero que el Rumor Público señale, le voy pedir cuentas junto a todos sus compañeros, y cuando le pida cuentas, si no me satisface lo que me diga, simplemente lo cancelo. Todos van a saber que lo cancelé por eso”. Danilo Medina, 26/11/2011

Julio Gutiérrez

Los pueblos tienen sus herramientas para apoderar a las autoridades responsables de mantener el orden y preservar las buenas costumbres, en diversas maneras. La más eficaz es la aplicación de la Ley. Pero cuando lo legal no sirve como medio de apoderamiento del Ministerio Público, para iniciar cualquier investigación; entonces, el Rumor Público se convierte en un mecanismo de presión para obligar a las autoridades a emprender acciones con el objeto de determinar la veracidad de esas denuncias.

El rumor es toda aquella información que no ha sido confirmada, por lo que, dependiendo del caso, precisa evaluar el efecto directo en la sociedad o en el entorno donde se esparce la transmisión del hecho. Los criterios que se utilizan para determinar la prominencia del mensaje, son: la repetición y la consistencia de la denuncia. El rumor tiene su origen en base a la espontaneidad o por inducción. Cuando su proliferación se desplaza de manera espontánea, obedece al efecto demostración de lo acontecido. En cambio, el rumor se cataloga como inducido al ser diseñado mediante una campaña propagandística, a favor o en contra de una persona o grupo.

Si el rumor sobre una determinada situación traspasa los límites del tiempo: años, lustros o décadas, puede transformarse en leyenda; es decir, tiende a ser creíble y convertirse en un mote o apodo. En la República Dominicana, el término Rumor Público ha sido utilizado como referente en el ámbito político, empresarial, religioso, deportivo y farandulero. En la mayoría de los casos, el Rumor Público no trasciende con la celeridad y consistencia, cuando se trata de elevar las condiciones éticas o morales de una persona o entidad. Al contrario, cuando se refiere a acciones dolosas o malas conductas, dicho rumor se prolifera y persiste a través del tiempo.

El hecho de hacer caso omiso a las informaciones procedentes del Rumor Público, por indelicadezas realizadas de un determinado personaje, genera desconfianza en la población para con las autoridades responsables de investigar la veracidad de los acontecimientos. Casos aislados en los ámbitos religiosos, deportivos y faranduleros se han llevado a la justicia cuando rebosa la copa de la moralidad que exige la sociedad.

Ahora, en los casos de Rumor Público, cuando los mismos están ligados a los aspectos políticos y empresariales, por malas prácticas, al margen de la Ley, la actuación de las autoridades es nula, especialmente, cuando la información se refiere a personajes del ámbito político. Esta aseveración se confirma, pues desde el año 2012, con el ascenso al poder del Primer Magistrado de la Nación, la mayoría de los ciudadanos atentos al discurso de toma de posesión, creyeron que a la frase “Rumor Público”, se le daría carácter, pero no ha sucedido así.

Tuvieron que intervenir organismos de un gobierno extranjero para darnos una palmadita en la cara y decirnos: “despierten que por no hacerle caso al Rumor Público van destruir sus estructuras sociales”. Cómo es posible, que una persona por casi dos décadas, con un mote de “abusador”, identificado por el Rumor Público en actividades ilícitas, ninguna autoridad local notara sus desplazamientos. Solo por el mote de “abusador”, era pasible de ser investigado. A ese personaje nunca se le pidió cuentas.

Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense

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