Pifias del PRM

Pedro P. Yermenos

El PLD tiene acumulados menos méritos por los cuales haber conquistado y preservado el poder que la oposición torpezas para haberle propiciado esa hazaña. En ese cúmulo de errores de quienes han estado llamados a disputarle la supremacía política a una organización que motivos le sobran para merecer el repudio colectivo, ha radicado una de las razones para que este país no haya producido el cambio necesario que lo conduzca a la reversión de una democracia tan fallida como la nuestra.

Ahí está, a la expectativa de ser convocado a través de una oferta que no solo le represente novedad, sino que le ofrezca suficiente garantía de ruptura con unas maneras de ejercicio político que lo tiene hastiado, el segmento poblacional resaltado por las encuestas serias, que siente náuseas ante la machacona repetición de los perversos engaños de hace tantos años.

El problema radica en que los integrantes mayoritarios de esa franja social son los que resultan más difíciles de seducir porque, por un lado, tienen la conciencia suficiente para deslindar la paja del trigo y no dejarse confundir con sandeces demagógicas, y por el otro, no están urgidos por trocar su adhesión política a cambio de simples migajas que se esfuman apenas traspasadas las fronteras de la cita electoral.

A la captación del espaldarazo de esa gente es que debe dirigir todo su empeño una oposición con vocación de trascendencia y, sobre todo, con auténtico interés en contribuir a acercar la actividad pública a su finalidad esencial, que no es otra que el servicio ciudadano.

El PRM, la estructura partidaria menos alejada de la posibilidad de ser la protagonista en la urgente sustitución de las manos que conducen las riendas del Estado, con más frecuencia que lo deseado ofrece demostraciones de ausencia de claridad en lo que debieran ser sus prioridades de estar interesado en completar los apoyos requeridos para lograr un objetivo cuya probabilidad jamás puede ser confundida con certeza.

Esos traspiés, por proyectarlo como un estamento similar a lo que se anhela superar, refrenan los intentos de muchísimas personas dispuestas a dar el paso adelante y suscribir sus propósitos, pero vacilan ante el pánico de que todo culmine en nueva frustración. Su decisión en la elección del presidente de la Cámara de Diputados es un ejemplo. Percibirlo como una entidad que incurre en repulsivas componendas, lejos de abonar su influencia social, aniquilan su potencial para forjar ilusiones.

Por Pedro P. Yermenos

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