Renuncias Tardías II

El carácter oportunista, poco auténtico, de las causas esgrimidas por Leonel Fernández y el grupo que lo acompaña en su partida del PLD, constituye algo que, desde mi punto de vista, no admite discusión. Todos, de una u otra forma, en mayor o menor medida, por acción u omisión, son responsables de la debacle en que devino ese partido y de lo nefastas que han sido sus gestiones de gobierno, las cuales, al cabo de 20 años, no pueden exhibir la solución de uno de nuestros grandes problemas, pese a haber dispuesto de capitales estrambóticos derivados del innegable crecimiento económico y del descomunal proceso de endeudamiento.

Concibieron y ejecutaron un plan de distorsión de las esencias del PLD hasta conducirlo a ser algo que nada tiene que ver con su original, bajo el falso criterio de que con sus pasadas características resultaba imposible la conquista y preservación del poder, como si nada les significara el crecimiento sostenido del ascendiente popular alcanzado sobre la base de una diferenciación ostensible en las maneras de ejercer la política, miserablemente echadas por la borda. Pasaron de tener autoridad moral a influencia resultante de dádivas y repartos de canonjías.

Como siempre ocurre, ese boato ilusorio ni dura para siempre ni alcanza a todos. Sin embargo, para Leonel Fernández y sus adláteres todo funcionaba de maravillas porque esas formas detestables no solo estaban bajo su uso, control y dirección, sino que, lo más importante, era él su beneficiario fundamental.

Bastó que las cosas no continuaran saliendo según sus conveniencias y otros pasarán a ser los titiriteros de un poder ejercido con malas artes, para que emergiera su protesta y acusara a quienes compartían con él sus trapisondas para su provecho particular, de alejarse de las reglas democráticas y hacer uso abusivo de recursos públicos. ¿Podrá haber un descaro mayor?

En la campaña del proceso electoral 2000, cuando el candidato natural del PLD era Jaime David Fernández, nuestro personaje maniobró para que Danilo Medina se impusiera, consciente que de esa manera la derrota partidaria estaba garantizada. Nunca se imaginaría que estaba propiciando el fortalecimiento de su futuro verdugo.

La lista de sucesos que exponen la duplicidad de estos tardíos renunciantes es interminable. Por eso no me seducen y los denuncio como los coautores que son de las causas de cuyas consecuencias pretenden ahora, de forma cínica, presentarse como víctimas. Víctima este país si les concediera nueva oportunidad.

Por Pedro P. Yermenos

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