El Servilismo Criollo

David Marnes

NEW YORK.- En una ocasión le preguntaron a Marx cuál era el defecto que más despreciaba en los hombres. Sin pensarlo mucho, contesto: “El Servilismo”, porque él entendía lo dañino que puede ser el servilismo al pensamiento revolucionario. El capitalismo perverso engendra en las sociedades donde se implanta desigualdades de todo género: desempleo, miseria, hambre, desigualdades, egoísmo, e inseguridad en el comportamiento de los ciudadanos que viven bajo ese sistema. Un comportamiento antisocial típico del capitalismo; dañino para la vida de los grupos colectivos, e instituciones de un estado, es lo que se conoce como “Servilismo”, “alcaguetismo”, o “lambonismo”, en el caso de la República Dominicana. En la sociedad dominicana y sus relaciones político-sociales capitalista; este fenómeno es muy común, y se practica a todos los niveles de la sociedad. Pero qué es el servilismo?, en qué consiste?, por qué es un comportamiento negativo?, ¿quiénes lo practican?, como identificarlos?

El servilismo es la conducta de un individuo, o persona, sin importar su status social, y va desde el ciudadano de a pie, hasta el presidente de la República. Su conducta es la de satisfacer y hacer todo lo que otra persona (superior) le pida, o le ordene, aun poniendo en riesgo su propia integridad física, su dignidad, su moral y su ética. Quien es servil, siempre quiere complacer al poderoso, las mayorías de las veces incluso voluntariamente, sin este pedírselo. Al servil no le importa rebajarse, denigrarse, ni humillarse; sino más bien complacer y proteger los intereses, necesidades u objetivos, de quien él, o ella estén sirviendo. En la RD, todo el aparato burocrático institucional está subordinado y es servil a la partidocracia que controla los destino del país, y esta a su vez a los EE. UU.

La partidocracia servilista denota una condición extrema de auto descalificación individual y malsana. Los políticos, familias, individuos, y empresarios serviles que conforman esa partidocracia, son personas con serios problemas de autoestima, de ignorancia extrema, y de una considerable devaluación individual. Todos ellos, tienen y viven siempre con una actitud deferente cuasi-divina hacia los sectores poderosos capitalista de los EE. UU., e indiferentes, lleno de odio hacia otros sectores progresistas, y reformistas como son Correa, Evo, Lula, Cristina; para citar algunos. En síntesis, a unos como a EE. UU. le reconocen su condición de superioridad y dominación absoluta, mientras que otros Cuba, Venezuela, los denigran y descalifican por su independencia, autodeterminación, y soberanía.

Cuando la partidocracia es servil, como es el caso de la República Dominicana, los políticos venden sus conciencias al Diablo, al capital, al FMI, a las transnacionales; pierden la capacidad de discernir, de razonar, de pensar por sí mismo, su conciencia de patria se somete, se subordina, se esclaviza como un objeto de propiedad de mercancía a los que ellos sirven. El servilismo los forza a desarrollar actitudes de adhesión incondicional y a un proceso de despersonalización egoísta, que los lleva al odio, a la soberbia, a la intolerancia y hasta la agresión contra quienes tienen y manifiestan opiniones diferentes.

En regímenes de control político-neoliberal como es el nuestro, el servilismo es la principal motivación del autoritarismo y el motor de la creación de relaciones conflictivas, antagónicas, y desiguales. Políticos serviles, como lo son los candidatos del “Trío de la Muerte” (PLD, PRM, FP), están todos usando los recursos de los contribuyentes para llegar al poder y desde allí, continuar con el robo, y potenciar las cualidades del “poderoso del norte” y hacerlas valer aun sacrificando el futuro de las mayorías, poniendo en riesgo la estabilidad social, la independencia, y la soberanía del país. Los políticos serviles son los más propensos al fanatismo. Es decir, su conducta se dignifica con la representación del poderoso, actúan, piensan, y todo lo hacen por la voluntad y decisión de la entidad a quienes les están siendo serviles.

Los políticos serviles son siempre individualistas y dispuestos a transgredir la moral. A ellos podemos encontrarlos en los ministerios, el senado, la cámara de diputados, en la fiscalía, la policía, los militares, y hasta en la presidencia. Son personas con muy bajo nivel intelectual, y procedencia obscura, y provienen de sectores tan variados como bodegueros, gánsteres, mafioso, narcotraficante, y pocos tienen nivel de universidades competentes. Pero todos sufren del mismo común denominador: tan solo oyen, leen y creen lo que el poderoso profesa. La sociedad dominicana, una sociedad con un sistema social podrido hasta la médula, el servilismo ha demostrado ser el principal detonante peligroso para los proyectos colectivos porque disfraza su indignidad con resultados eficientes para el poderoso, y sus alcahuetes criollos, mientras mantiene una aparente normalidad en el resto del colectivo basado en el miedo y el terror. Por eso gastan una fortuna robada a los contribuyentes, para mantener a las gentes embriagadas en el clientelismo, repartiendo dinero, insumos médicos, alimentos, y otros recursos, mientras mantienen alejados de la realidad a todos los que pueden ofrecer opciones diferentes, críticas, y propuestas.

Los serviles generalmente hacen de todo para que su influencia no sea amenazada por las ideas y propuestas de otros. Hacen todo lo posible para blindar y hacer inaccesibles a sus “jefes” y lograr que toda comunicación con ellos pase por sus manos. Los serviles por lo general son arrogantes y falsos con sus subordinados, pero se alertan y cambian de actitud inmediatamente ante la presencia de sus jefes. Desacreditan la opinión de gente honesta que puede ser atractiva y hacen uso eficiente del chisme para poner en entredicho lo que es de otros y superar lo propio. Pero no podemos confundir el ser servil con ser servicial o cortés. Es fácil confundirse porque todos los serviles son sirvientes, corteses y serviciales, pero únicamente con los poderosos, nunca con los de abajo, o mediocres. Sin embargo, ser cortés y servicial es positivo pues fortalece la cohesión colectiva, y solidaria. Además, el cortés y servicial con conciencia de clase, no se somete de manera especial con quien representa y ostenta el poder. ¿Pero porqué es tan importante identificar a los serviles? Muy sencillo, porque los serviles dificultan la actividad e intereses del colectivo social, de equipos o grupos. Ellos intentan a toda costa que la voluntad del poderoso sea la regla, independientemente de su valor real. Muy contrario a las personas serviciales y corteses con conciencia de clases, las cuales promueven una relación armónica entre los integrantes de un grupo y facilitan la vida colectiva.

Karl Marx detestaba el servilismo, esa personalidad típica de quien asume deliberada y gozosamente su destino de criado, de siervo, de rastrero que se humilla y se arrastra ante el poder, que carece de autoestima, orgullo y dignidad. El ser servil deambula desorientado por su vida buscando siempre cómo agradar al amo, cómo lograr su palmadita paternalista, qué hacer para que el amo le premie con dinero o con un favor, un ascenso o una mención y distinción públicas ante los demás serviles que reportan junto a él y que también hacen lo imposible por destacarse, como los perros, para ser recompensados con una migaja mayor que las que reciben los demás. Pero a diferencia de los perros, el servil tiene la desgracia de ser humano, y la humanidad es irreconciliable con el servilismo por lo que el ser servil está internamente podrido por una angustia que nunca puede ser suavizada ni siquiera con la cobardía permanente que le caracteriza. El perro al menos muerde, el servil, lame, chupa, mama. Algunos pueden hacer un gesto tenue de queja y hasta de protesta, apenas un gruñido, pero de inmediato como un perrito faldero, se postra ante el poder al que sirve. El servil se caracteriza por permanecer en el anonimato en el cumplimiento de las órdenes que le facilite una más cómoda ubicación jerárquica. Así, los burócratas de partidos y sindicatos, funcionarios, ministros, sacerdotes y curas, y, en general, autoritarias, dogmáticas y militaristas suelen ser excelentes serviles, dóciles, que aplauden con las orejas a los jefes de turno, aunque estos se hayan acuchillado mutuamente para tomar el poder, como está sucediendo hoy en el país entre los 3 candidatos de la partidocracia dominicana. Pero el anonimato no es típico de todos los serviles, también los hay que se mueven públicamente, denominados “bocinas”, como periodistas, tertulianos, presentadores de programas de radio y televisión, y cargos públicos. Se diferencian de los anteriores en que su obediencia debe realizarse con una dosis de agilidad y reflejos suficiente para el buen ejercicio de la manipulación mediática. Dentro del servilismo hay de todo, desde quienes optan por dar el espectáculo más bochornoso hasta el sesudo equidistante que reparte culpas a derecha e izquierda, pero se desdice al primer gesto del “jefe” a quien sirven, pasando por el típico fascista.

Como muy acertadamente lo decía el Che, “Las instituciones socialistas, tienen en el servilismo una amenaza que urge tratar”. En el caso institucional generalmente las personas serviles buscan permanecer en sus cargos toda la vida, sobrevalorando, adulando e ideologizando las “órdenes” de los que mandan y toman las decisiones, es decir justificando lo decidido a cualquier coste, sea bueno o sea malo. Los trabajadores, los verdaderos dueños de las medios de producción, y quienes aportan y desarrollan sus fuerzas productivas, no debemos ser serviles, nuestras acciones, nuestras luchas, nuestros justos reclamos son un acto más de nuestra dignidad humana, de praxis militante y de lucha revolucionaria en las peores condiciones que podamos imaginarnos, dentro de y en contra de una estructura estatal capitalista, diseñada y concebida para destruir lo humano y alienarlo en el servilismo más perverso y repugnante. El capitalismo neoliberal, está pensado y estructurado para destrozar el ser humano y fabricar seres serviles; y por eso, es una estructura que solo puede funcionar basándose en el servilismo de las personas que obedecen al poder y obligan a obedecer a los demás. Pero el sistema capitalista no sobreviviría sin los esclavos felices e infelices, sin los sumisos, sin los alienados, sin los egoístas, dado que su sistema represivo juega un papel clave mediante la amenaza preventiva, y la producción de miedo.

Volviendo al Che, “la diferencia entre la persona que voluntariamente asume los riesgos de la lucha revolucionaria, y el político oportunista y servil, radica en que el primero asume la propiedad de sí y para sí, de su vida, practicando su independencia de criterio, mientras que los otros únicamente hacen servilmente lo que el poder les tolera, permite u ordena”.

Por David Marnes

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