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Veleidades económicas

Las veleidades de la economía son alegres y tristes. Es hermosa y fea al mismo tiempo. Con sus acciones puede llevar a la gloria, o sumergir en el fango. Es una diosa de doble cabeza, como le deidad de Jano. Puede salvar a un gobierno o hundirlo.

Los vaivenes de la economía ocurren porque es una disciplina que no es imparcial, no es justa, no está distribuida equitativamente. Sus guarismos y sus quintiles son desiguales. Cada vez que hacen un reajuste benefician a unos y perjudica a otros.

Soy un atrevido al hablar de economía, no pasó de ser economista de mostrador de colmado, de esos que ven cómo se elevan los precios de los artículos de primera necesidad, como el salario se desvaloriza, como la gran masa se hunde en lo más terrible de la miseria, mientras crece la riqueza en pocas manos.

Pero en mis largos años de ejercicio he comprendido que la economía es una ciencia, pero que manipulada de acuerdo con los caprichos del director de orquesta abre más la brecha entre ricos y pobres. Nadie piensa en equilibrarla para que sea su aplicación más justa, y pueda cerrar la herida social que hay entre ricos y pobres.

En mis primeros años de ejercicio periodístico, cuando me tocaba ir al Banco Central, siempre hacia una pregunta que no tenía respuesta:¿Cómo es posible que si la economía crece todos los años, aumente el ejército de los pobres y los desarrapados?- Nunca obtuve una respuesta oficial convincente.

Hoy tampoco la tengo a mano. Se aumenta el salario, pero a la semana la inflación hace que con el reajuste se tenga que comprar menos alimentos cuando se va al supermercado. Es la inflación y el agiotismo, y no el trabajador, el que se queda con el diferendo del reajuste de salarios.

Si los balances de fin de año dejan ver un amplio crecimiento económico, y hay alegría en las áreas financieras, sería justo que se vaya al otro lado de la moneda. Esa es la otra cara de Jano. La miseria aumentó, hay más niños sin posibilidades de tomar leche, sin ir a la escuela, sin factibilidad de que puedan llegar con vida a la etapa de adultez.

Los políticos tienen que buscar soluciones. Los economistas piensan en sus quintiles y el pobre en su miseria. Desde el litoral política si hay que plantear soluciones a las desigualdades sociales. Esa masa amorfa de excluidos reclama redención y renacer de esperanzas.

Ambas cosas son difíciles en un marco social donde se mantiene el círculo del puñado de ricos, mientras se multiplica la espiral de los desarrapados. Justicia social, equidad y respeto al ser humano deben ser temas fundamentales en la agenda de hoy. No soy economista, pero si analista social y presiento hacia dónde va la multitud sin nombre, sin rostro, sin cabeza y sin Norte. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández

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